Mirá como tiemblo
por Xtian Rodriguez
Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde
True blood, ¿es para tanto?
Bueno, de acuerdo a lo que se ve en twitter, True blood, al menos comparado con Hung, Weeds y Entourage, ya es un boom (así lo muestra el gráfico de tendencias de trendistic, una herramienta que permite graficar menciones de términos a lo largo del tiempo).
Pareciera que el tema de los vampiros (empujado por la saga Crepúsculo, Amanecer, etc) está haciendo roncha. Otros aseguran que el boom viene de las orgías zombies de los primeros capítulos de la segunda temporada (según el gráfico, True blood arrancó con un pico en el estreno, luego decayó, y algo pasó a partir del quinto capítulo). A mí la serie, aunque me gustó al principio, no termina de engancharme. Soy de los que creen que el vampiro protagonista es una piedra pómez, que los personajes no terminan de cerrar y que la trama es caprichosa y derivativa. En fin… ustedes dirán.
A hard day´s night (1964)
De Richard Lester. Con The Beatles. 1964. 87 minutos.
1964 y ya conocen la historia: 4 flequilludos inundan las listas de ventas con hits. Las adolescentes gritan enloquecidas en las plateas y corren detrás de las limusinas. Es decir, la beatlemanía. Todo eso, que aparece en la película, era, en ese momento una novedad, hoy ya forma parte de la historia y lo hemos visto miles de veces. También conocemos el perfil de niños traviesos de los Beatles, las respuestas ocurrentes en las conferencias de prensa, el perfil de niño cantor de la lotería de Paul, los gestitos (¿de idea?) de Lennon, la serena alegría de Ringo, la melancolía de George. Todo esto también lo conocemos.
Y en la película no hay mucho más. Se trata de una especie de comedia liviana nonsense, con sketchs que se encargan básicamente de mover a los muchachos como fichas, del punto A al punto B. La película es, ni más ni menos, que un acelerador de partículas beatle.
Network (1976)
De Sydnet Lumet. Con Faye Dunaway, Peter Finch, William Holden y Robert Duvall. 1976. 121 minutos.
Cuando a Howard Beale (Peter Finch), el conductor del noticiero nocturno, le avisan que está despedido tiene un crisis. Es viudo, no tiene hijos y le dedicó toda su vida a la televisión. Se emborracha y al otro día anuncia, frente a las cámaras, que se suicidará en vivo en una semana. El director del canal (Robert Duvall) reacciona sacando al loco del aire y echando al director responsable del noticiero (William Holden). Pero el escándalo vende, las cifras de audiencia trepan y Howard Beale es reincorporado y promocionado como un mesías furioso que canaliza el enojo subyacente de la gente. El guión se arma en una tormenta perfecta: Duvall es el directivo que necesita un hit televisivo para reposicionar el canal de televisión y apaciguar a los accionistas, Faye Dunaway es la directora de programación que vive sólo para el rating y Finch es el loco de la colina, que seduce multitudes con su carisma de televangelista poseído y sus parrafadas iracundas.
La película mezcla un registro íntimo y sosegado cuando habla del affaire que tienen dos de sus protagonistas, con escenas más picadas y diálogos más rápidos en el estudio de televisión. Donde se pasa de rosca es cuando se mete con grupos “radicales” de izquierda. No sé si esos segmentos envejecieron mal o si ya se veían exagerados cuando se filmó, pero ahí el guión derrapa al dibujo animado y ni el pulso firme de Lumet nos salva.
Lumiere y compañía (1995)
Varios directores. 88 minutos.
Decidí empezar a mirar películas mudas, pero antes quería alguna película que me pusiera a tono: elongar antes de subirme a la bicicleta. Y encontré este documental. La cosa es así: en 1995 se cumplieron 100 años de las primeras filmaciones de los hermanos Lumiere. La cámara utilizada por los hermanos fue restaurada y funciona. Entonces a alguien se le ocurrió invitar a 150 directores a que filmaran un corto con esa cámara. Las reglas: 1. El corto no debe durar más de 52 segundos. 2. No está permitido el sonido sincronizado. 3. No más de tres tomas.
40 de los 150 directores aceptaron la invitación. Los resultados son desparejos pero interesantes. Algunos directores muy fiacas citan su propia obra, otros hacen algun chiste bobo, otros usan los 52 minutos para alguna protesta o algún mensaje de trazo grueso y algunos, sí, hacen maravillas. El resto del metraje de la película es superfluo y tedioso. Puede ser entretenido ver cómo algunos de los directores posicionan la cámara o cómo dirigen, pero no escucharlos responder naderías cuando les hacen preguntan grandilocuentes como “¿Es inmortal el cine?”, “¿Por qué filma?” o “¿Por qué aceptó la invitación para filmar con la cámara de los Lumiere?”. Acá pongo la lista de los cortos con un enlace a youtube si el corto está ahí y un breve comentario:
Las 1001 películas, discos, libros que hay que ver, escuchar, leer antes de morir
Seguro conocen los libros: están en todas las librerías. La idea es sencilla y vendedora: una editorial convocó a un grupo de críticos para que seleccione y reseñe 1001 obras “importantes” (qué significa “importantes”, no lo sé. ¿Las más influyentes?, ¿las más populares?, ¿las más experimentales?,, ¿un poco de todo lo anterior?).
Los títulos son engañosos. El de películas no incluye todas las películas: se trata en su inmensa mayoría de largometrajes, de ficción. O sea, casi no hay cortos, o documentales. El de libros sólo recomienda novelas, no hay poesía, dramaturgia, ensayos o colecciones de cuentos (con contadísimas excepciones). El de discos no incluye simples, sólo largas duración y se trata en su inmensa mayoría de rock o pop (en las primeras décadas hay bastante jazz, country, blues, etc, pero después se trata casi exclusivamente de “rock”). Y todas estas listas favorecen material anglosajón o conocido en Inglaterra y Estados Unidos (de los libros hay una “versión” en castellano, en el que se reemplazaron títulos yanquis e ingleses por títulos en castellano, se nota que la selección fue hecha en España, porque se incluyen muchos títulos gallegos, cuando es obvio para cualquiera que la mejor literatura en castellano escrita en el siglo XX se escribió fuera de España). Todas las listas, además, privilegian lo actual sobre lo histórico. Es decir, si hay 30 discos recomendados para el periodo 1965-1970, hay 30 recomendados sólo para 1995. Aun dentro de sus propios parámetros las listas tienen presencias insólitas y ausencias escandalosas (incluir Top gun pero no Antes del amanecer, las fábulas de Esopo pero no La ilíada, etc). La calidad de las reseñas es despareja (no pretendía un ensayo de Bazin por cada película, pero el libro de Roger Ebert, Las grandes películas, es muy accesible y mucho más interesante, sólo para dar un ejemplo).
Mamma mia! (2008)
De Phyllida Lloyd. Con Meryl Streep y Pierce Brosnan. 2008. 108 mins. Si ni tus amigos gays defienden un musical armado a partir de canciones de ABBA protagonizado por Meryl Streep, algo anda mal. Y la verdad, todo anda mal en esta película: desde el argumento, pasando por el casting y las coreografías y terminando en las canciones.
El argumento: nadie pide un mecanismo de relojería ni elucubraciones existenciales a lo Bergman, apenas un hilo de trama que sostenga los números musicales. Acá lo que hay es esto: madre dueña de hotel en isla griega (Donna, interpretada por Meryl Streep) e hija, Sophie (Amanda Seyfried) a punto de casarse. Sophie no sabe quién es el padre y decide averiguarlo el día de su casamiento invitando a los tres posibles padres.
Tanto Donna como Sophie tienen dos personajes secundarios anexados, que funcionan como escuderos. O sea, se arman tres tríos (casi digo tres tristes tríos): Meryl Streep y sus dos amigas de años atrás, invitadas a la boda, Amanda Seyfried y dos amigas del colegio y Pierce Brosnan y los otros dos candidatos a padre. Supongo que esto de armar tríos con una figura principal y dos secundarias que “comentan” la acción será un guiño a los coros del teatro griego, al fin y al cabo, la película transcurre en Grecia, che.
¡Oh, Bama!
La mejor crónica/análisis del triunfo de Obama no lo leí en un diario, sino en un email privado que me mandó un amigo que está estudiando en Berkeley, California. Acá lo comparto con ustedes. Están invitados a difundirlo.
———- Mensaje enviado ———-
De: Pablo
Fecha: 6 de noviembre de 2008 6:24
Asunto: Oh, Bama!
Bueno, al final ganó Obama. Como dijo hoy acá en Berkeley Marcelo Birmajer, por segunda vez en menos de un siglo los norteamericanos salvaron al mundo de los nazis. Perdieron los guerreros, y Barack Hussein, en su discurso de anoche, habló de paz, por eso (y por la gracia del champán) salí a festejar. Lo más lindo fue ver a mucha gente llorando de emoción -en la tele y en la calle- como si se hubiese roto un maleficio, o mejor, varios: el de la ultraderecha en el poder, el de la apatía popular hacia la política, el del miedo (a los terroristas, a la crisis, a su vez hijo del miedo a los comunistas, a los japoneses, a los negros, a los indios…) como factor político principal, y uno que condensa en parte a los otros, que es el de la así llamada “supremacía blanca”.
Mis podcasts favoritos
Estoy muy fan de los podcasts. Me han devuelto las ganas de caminar por la ciudad, mientras escucho un cuento, un consejo sobre sexo o una anécdota histórica. Acá les dejo los podcasts que escucho, en su mayoría en inglés. Invito a los lectores del blog a que sugieran o recomienden los suyos (sobre todo en castellano, donde mi conocimiento es exiguo):
Los 50 mejores videos de arte de youtube según The Guardian
Hoy vi en Ñ que mencionaban esta lista de 50 videos compilada por el diario inglés The Guardian. Kerouac leyendo su propia obra, la primera actuación de Madonna y otras joyas imprescindibles, acá. Si algún lector tiene alguna otra joyita (recuerden, videos de arte, no de mi primo que imita a Chayanne y es graciosísimo), agréguelo en los comentarios.
Edipo reloaded
Este poemita me vino adentro de un bocadito de chocolate “Dos corazones”:
Desde que fui chiquitito
mi mamita me enseñó,
que buscara una niñita
tan bonita como vos.
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