Mirá como tiemblo
por Xtian Rodriguez
Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde
Bill, sos boleta
Kill Bill volumen 1
USA, 2003, 111 min, dirigida por Quentin Tarantino, con Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox. Puntaje: 9 de 10
Kill Bill volumen 2
USA, 2004, 136 min, dirigida por Quentin Tarantino, con Uma Thurman, David Carradine, Daryl Hannah, Michael Madsen. Puntaje: 4 de 10
El punto
[Un post viejo, publicado originalmente en noviembre de 2003]
La maestra del primario me explicó que el punto termina oraciones. Que debe colocarse sólo cuando el enunciado ha alcanzado sentido completo. Que existen tres tipos de puntos: el punto seguido (que separa oraciones del mismo párrafo), el punto y aparte (que termina un párrafo) y el punto final (que termina un texto). Y que el punto es la más extensa pausa sintáctica del idioma español.
Weblog Magazine
Al ver el formato PDF me puse contento, ¡por fin algo con olor a blog que puedo leer en el tren! El problema vino cuando intenté imprimir… en blanco y negro las páginas se ven oscuras; ni hablar de los 8 bidones de tinta que se consumieron en su impresión. No entendí: si la idea era armar una revista que se pueda leer lejos de los rayos catódicos del monitor, ¿no sería práctico ofrecer una versión imprimible en blanco y negro? Está claro que Weblog Magazine no es Wired, y, salvo para su lectura en la pantalla, no se justifica el despliegue flúo.
Punto de largada
Puto y aparte, mi otro blog, tiene ya casi dos - accidentados - años de vida. A los tropezones y aún en andador, ha desarrollado, a mi pesar, su propia personalidad: caprichoso, parlanchín, exhibicionista. Los posts son extensos y esquivan la cronología, el tono es íntimo, los temas, un sólo tema: mi vida. Por eso, cuando surgen otras urgencias - guardar el link a un artículo que me interesó, reseñar un paper de computación, criticar una película, iniciar un debate sobre la blogósfera ? me enfrento a un intríngulis: escribir un post en Puto y aparte o registrar el dato de alguna otra manera. La encrucijada termina resolviéndose así: me mando un email a mí mismo con un link, un párrafo o un dato. El resto de la historia es por todos conocida: el email termina sumergido en el pantano de spam, emails de laburo y demás camalotes.
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