Mirá como tiemblo
por Xtian Rodriguez
Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde
Los veinte y la chancha
Empiezo acá una serie que podría llamar “nexo grupal”, y que consistirá en la crítica conjunta de películas que tienen algo en común.
La primer entrega es este grupo de críticas de cuatro películas que ví en los últimos meses: The 24th day, 28 days later, 21 grams y The 25th hour.
Los blogs personales y el problema del estilo
Hay una preocupación recurrente entre los bloggers que escriben blogs ?personales?: el problema del ?estilo?. Es decir, cómo imprimir una marca reconocible - y preferentemente invisible e inimitable ? en lo que escribimos, de forma que el lector vuelva una y otra vez, en busca de ese ?no se qué?, hipnotizado por el vaivén pendular y el sordo tic-tac de nuestra prosa. Algunos hasta sostienen que en la pulseada entre forma y contenido, la forma siempre gana. Aducen que un gran escritor es capaz de llevarnos de la mano en viajes de ensueño, aunque el tema ? el contenido ? sea aburrido o hasta repugnante. Yo soy uno de los integrantes de este culto, que reconoce como tótems a escritores como E. B. White, Sandra Russo, Truman Capote o H. L. Mencken, es decir, escritores a caballo entre el periodismo y la literatura, hijos bastardos de Montaigne que escriben sobre cualquier cosa, pero siempre con una obsesión febril por el estilo (esa obsesión es explícita en Capote, y alcanza y sobra con leer el prólogo de ?Música para camaleones? para entender su magnitud).
L.I.E. (2001)
Dirigida por Michael Cuesta. Con Paul Dano y Brian Cox. 97 minutos.
Hay películas que son imposibles de filmar. Una de ellas es la historia de la “amistad” entre un pederasta y un pendejo de 15 años, sin chicanas morales ni simplificaciones tranquilizadoras. Una película cuyo único objetivo sea observar la realidad vaciada de sentimentalismo y que sólo obedezca las leyes que impongan sus personajes.
Lo soprendente es que esa película existe y se llama L.I.E. (abreviatura de Long Island Expressway, la autopista que funciona como escenografía en muchas escenas del film). Brian Cox (el ex marine pederasta) me recordó todo el tiempo al Brando circa Último tango, no sólo por el parecido físico sino por la sutileza de su actuación.
El único defecto es ese final apresurado y torpe, como insertado de prepo. Esta película incómoda es quizás una de las mejores (y menos vistas) del 2001.
Y se debería haber llamado TRUTH.
Escupir
Una vez le preguntaron a Picasso que haría si lo metieran en prisión y le quitaran su pincel, su lápiz y sus témperas.
Picasso respondió: “Dibujaría con mi saliva en las paredes de la prisión”.
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