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Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde

Bricolage del blog personal

No son recetas pétreas ni marmoladas, sólo algunas técnicas y gambetas que a veces me funcionan a mí. No es un cursillo, no soy el más indicado para subirme a este púlpito. No sé si les van a servir a alguien, pero acá está la lista desordenada de consejos, opiniones y sospechas que me ayudan a escribir “Puto y aparte”. 1. Lo más difícil es empezar a escribir, el primer párrafo suele ser como parir sixtillizos. Si llegué - aunque con la lengua afuera - al tercer párrafo, ya tengo el 90% hecho. También ese tercer párrafo es el momento en el que se ve con claridad si vale la pena decir, si realmente tengo algo para contar o si lo que se insinuaba como una historia de curvas insinuantes es más chata que una contorsionista de circo ambulante.

2. Queda claro que lo más importante - y lo más difícil - es hechar a rodar la bola. Esos dos o tres primeros párrafos suelen salir acartonados e impostados. No importa, al tercer párrafo algo parecido a mi voz empieza a surgir. La solución es sencilla: tirar a la basura los dos primeros párrafos, enganchar ese momento en el que el Pinocho de madera de los primeros párrafos toma vida y sonríe con una sonrisa y unos dientes apenas humanos.

3. Es mucho más fácil escribir para una audiencia vacía. De esa manera toda la energía se concentra en el movimiento de la historia y sus personajes, y no en las reacciones de un público inquieto que tose y se remueve en sus butacas. Aún si el objetivo final es provocar alguna reacción en el lector, lo mejor es dejarlo fuera de la elección del tema o de la historia: los lectores no saben qué quieren leer hasta que lo leen. Y escribir bien es una empresa que necesita nuestra atención en concentración láser, cuanto menos distracciones haya, mejor. Y una de las peores distracciones es mantener en la mira la silueta fantasmal de un lector caprichoso y exigente.

4. O blanco o negro, o ficción o crónica descarnada, pero los grises suelen ser Frankestein que trastabillan a lo Mr. Magoo. Si voy a escribir un blog personal y a relatar mi vida, más vale no intentar salir siempre bien parado, o proyectar una imagen de eterno (anti)héroe. La sinceridad - aferrarse a la realidad como aljibe del que se extrae el champagne de la historia - provee dos beneficios adicionales y aparentemente contradictorios: a. la historia es creíble porque sucedió b. la historia es increíble porque sucedió.

5. Evitar los clichés a cualquier precio. “Llovía a cántaros y me empapé hasta el alma” seguido de “Las cosas están carísimas, como todo siga así voy a terminar cartonero” seguido de “estoy depre” seguido de “me parece que lo voy a patear porque me siento ahogado en esta relación”. Nadie quiere leer ese chorro de frases que alguien sacó del freezer y ni se molestó en calentar al microondas. Una de ellas ya indica pereza mental, tres seguidas sugieren (exigen) un clic inmediato en el link más cercano.

6. Tampoco vale disparar palabras de 15 sílabas a mansalva para esquivar los clichés y reemplazar la aridez con el barroco epiléptico. Aún así creo que más vale errar hacia el lado del barroco y el arabesco gratuito que hacia la prosa comatosa. Es mejor leer “Subido a la cinta, el diástole y el sístole al ritmo de rockabillly, rociado por mis propios detritus acuosos” que “apenas me subo a la cinta mecánica me agarra taquicardia y transpiro como un negro”.

7. Las palabras son moleculitas, algunas se pegotean con otras, otras se rechazan o entran en combustión. Escribir es enlazar nucleótidos y terminar con un plato de ensalada que nutra los sentidos y estimule el cerebro. El lenguaje que usamos para comprar un boleto de subte o pedirle un día libre a nuestro jefe es esencialmente distinto del que usamos cuando estamos solos frente al tubo de rayos catódicos con el sombrero de blogger nudista.

Hay que tender un puente entre estos dos lenguajes enemigos. Hace falta entrar en calor y salirse del ritmo del lenguaje diario, tan chato y cuadriculado. Para entrar en calor, yo elongo mis músculos linguísticos. Una forma de elongar es escuchar cierta música o leer cierta literatura. No se trata necesariamente de literatura o música de altísima calidad, sino de letras o poesías que no tienen una interpretación lineal, repletas de juego y ambiguedad, donde las palabras se potencian unas a otras y chisporrotean.

Ejemplos:

“Flacas gimnastas, de América
secas, austeras, soviéticas
muchachitas fatales, en blancos zoquetes chinos,
son todas joyas, patricias de amor”

(Música para pastillas, Los Redonditos de Ricotta)

“Quiero un zoom anatómico
quiero el fin del secreto
Entre tus labios de plata
y mi acero inolvidable
quiero un loop
protagónico”

(Zoom, Soda Stereo)

“Jurism
Tourism
Neologism
Imperialism
Cleverism
Criticism
Cataphatacism
Apophatacism
Dogmatism
Apologeticism
Schism
Schism
Baptism
Christening

Bells. I can hear bells.”

(Under heavy manners, David Byrne, Robert Fripp)

Las canciones en inglés funcionan todavía mejor, porque puedo suspender la función “interpretativa” del cerebro y dejar que las palabras me caigan en la cabeza como gotas de una canilla que gotea. Especialmente buenas para esta función hipnótica o mediúmnica o narcótica son las canciones de R.E.M., Radiohead o Crowded House.

8. La mayoría de las veces no sé bien que voy a contar o dónde voy a terminar. Alcanza con tener la punta de un ovillo e ir desenredándola, y seguir la hebra como Teseo metiéndose en el laberinto o como Hansel buscando a Gretel o como Alicia cruzando el país de las Maravillas.

9. Visto a vuelo de pájaro, la mayoría de las cosas que nos pasan son aburridísimas. Sólo se vuelven interesantes cuando el cartón pintado se ensancha hacia las 3 dimensiones; cuando se le agregan nuestras sensaciones y nuestra carne. Si se la vacía de sensaciones la mayoría de las historias suenan como la transcripción taquigráfica de un juicio oral: “A dijo X, impávido. B inquirió acerca de Y sin inmutarse. B bajó del estrado y salió del salón.”

10. Eso no significa inundar el texto de descripciones que no engrosan el fiambre del sanguche. Salvo que uno posea una pericia a prueba de balas para las descripciones (y no hay casi nadie que la tenga), no vale la pena usar 8 oraciones para describir la cara de alguien o la mesita ratona del living.

11. Las cosas interesantes para contar no ocurren necesariamente cuando uno tiene ánimo de contarlas, por eso es esencial tomar notas. De esa manera uno puede esperar el momento de la “inspiración” y usar esas notas como punto de partida para escribir aquella historia tan fascinante que ocurrió hace 5 meses. El problema es que el cerebro tiende a achatar los horizontes que uno deja atrás y esas mesetas peladas no entretienen las pupilas de nadie. En particular mi cabeza no tiene problemas en recordar el “argumento” de las historias, pero sí extravía los detalles, la porosidad de lo que sucedió. Por eso mis notas son más bien señaladores, no guardan el contenido de la historia, sino que intentan desenterrar las sensaciones de aquél momento. Las referencias oblicuas y la acumulación de datos marginales disparan en mi cabeza una reacción en cadena que profuce la fisión nuclear que desperatará al monstruo congelado. Un ejemplo:

“Unos malvones muertos en el macetero de la ventana. Suena The police y me acuerdo del video en cámara lenta de las velas. Entre las mesas van y vienen miradas furtivas, también en cámara lenta. Jacobo Winograd pide una Coca Diet en la mesa de al lado. Hay un auto deportivo amarillo afuera, capaz que de él. El mozo va y viene como Joe 90, casi se le ven los hilitos. La luz parece de quirófano, los azulejos de morgue. Yo leo Naked de David Sedaris pero vuelvo una y otra vez al mismo párrafo porque la luz, el malvón muerto y las miradas como vectores no me dejan pensar”.

(eso es lo que anoté en una libretita una noche a las 5 am en el restaurant Babieca y me permiten reconstruir exactamente todo lo que pasó y el caleidoscopio sensorial de esa noche)

12. Hay que sentarse a escribir con ganas de jugar, como un pibito con 30 frascos de témpera y lejos de la mirada policial de mamá. Y terminar con la cara y la ropa de todos colores. Todo va hacia la entropía y más vale hacer nuestro aporte, atacar esa tela y escupir un gran manchón y colgarlo de la red a dejarlo que se seque.

12 comentarios a “Bricolage del blog personal”

  1. JEL |

    Lo que decís sobre “tomar notas” es totalmente cierto. Sin embargo, al menos yo, rras veces anoto las cosas en una libretita. Podría decir que mi memoria es más bien fotográfica, que “veo” lo que pasó, las sensaciones que tuve y recupero en ese momento se me muestran como videoclip, a la hora de escribir. =)

    También estoy de acuerdo en no acartonarse con el lenguaje, aunque sin agrgarle demasiadas florituras. Ciertos personajillos me han acusado de escribir con un tonillo intelectualoide y rebuscado. Y yo estaba lo más pancho, con “Rayuela” de Cortázar sonando en mi cabecita… =P
    Lo que lees en un momento dado, o la música que escuchás, inevitablemente te influye y hace que escribas de determinada manera.

    Excelente artículo, Xtian.

  2. La Romu |

    Es bien interesante todo lo que escribís acá en relación al estilo. Cada cual tiene su libro de cocina, aunque más no sea intuitivo; cuántos puñados de ésto, y hasta dónde de líquido está bien.

    Pero en el punto en que te discutiría algo es ese del barroquismo versus el telegrama.

    Vos preferís “Subido a la cinta, el diástole y el sístole al ritmo de rockabillly, rociado por mis propios detritus acuosos”, antes que que “apenas me subo a la cinta mecánica me agarra taquicardia y transpiro como un negro”.

    No sé, yo me quedaría con la segunda. Me parece que va más a lo que importa. En la primera da la impresión que estás tratando que se vea lo bonito que podés escribir. Y como esa no es la intención, dejale al texto que lo diga por sí mismo ¿no?

    Igual podemos intentar variantes:

    “Cuando me agarran ganas de un poco de taquicardia, me subo a la cinta y empiezo a sudar como negro”.

    “Hay un momento del día en que me vuelvo negro, y la cinta a la que me subo tiene bastante que ver”.

    “Tonto corazón dormido, hoy sufrirás mientras sude como negro”.

    El tema - como bien apuntás - es jugar, sin que nos importe nada el que va a leer. Por lo menos hasta apretar el botón de publish.

    Un beso grande.

  3. Anónimo |

    Xtian, me gustan mucho estas discusiones acerca de la experiencia de escribir, y las conclusiones a que cada uno ha ido llegando con el tiempo.

    No puedo decir con qué estoy de acuerdo o no porque tocas cosas que yo no había pensado.

    En principio sí se que lo de la audiencia vacía, será buenísimo, pero para mí es imposible: Mi lector interior es tan sádico que si no tengo alguno exterior simplemente no escribo. (Ufff, ¡cómo envidio a quienes carencen de lector interior o tienen uno gentil y amable que les da palmaditas!).

    Y entre la sencillez y el barroquismo, no sé, ambas cosas tienen sus encantos, pero si tengo que elegir preferiré la sencillez: Es menos riesgosa (y a veces también mucho más difícil).

    Además hay minimalismos que trasmiten más y más intensas sensaciones que cualquier cantidad de alambiques.

    Pero creo que no era esto lo que intentabas objetar, sino el lugar común, ¿no es cierto?
    Aquello que por repetido ya no comunica. Con eso estoy plenamente de acuerdo.
    Y de todos modos, esa palabra exacta que trasmite exactamente lo que quieres trasmitir no se da cuando uno la busca sino cuando se da. Y si estás en ese momento comunicativo hasta el lugar común tendrá su lugar propio y vendrá a cuenta: Simplemente a la frase manida hay que considerarla como con las cargas trasladadas, ya no significa lo que se suponía que significaba, sino que viene cargada de otras connotaciones relacionados con lo mucho que se ha usado.

    (Es como cada vez que leo que alguien dice: “supe leer” o “supe pensar”… cualquier supe de esos rarosos, yo tengo que volver sobre ella porque a primer golpe no leo lo que supo o no sino que leo: “Borges”. (Soy medio loca, yo, ya lo sé) )

    Pero por supuesto, la evitación del lugar común es una obligación, aunque nada más sea en intención.

    Seguiré pensando este texto tuyo, Xtian.
    :)))

  4. Marinita |

    Coincido Doña Coma, coincido…(Ya ni me acuerdo con qué pero mientras leí tu comentario asentí con la cabeza)…a ver…
    Sí; yo también tengo un lector crítico perverso y destructivo en mi interior (y piromaníaco: siempre termino quemando lo que escribo).
    Concordancia II: A veces ser simple es más atractivo que cinco versos de Góngora para escribir.
    III: Coincido con tu súper sonrisa y la repito: =)))

  5. ECP |

    Traffic

    Y como Petrona, Xtian nos da la receta cambiada. Por lo menos mi muñecp de mazapan quedó mal.

  6. ECP |

    Traffic

    Y como Petrona, Xtian nos da la receta cambiada. Por lo menos mi muñeco de mazapan quedó mal.

  7. Jicky Drury |

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  9. Caroline Fagerlund |

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  12. SUS |

    TIENES TODA LA RAZÓN, MUCHA VECES CUANDO ESCRIBIMOS, NO NOS DAMOS CUENTA QUE NOS ESTAMOS MIRANDO DEMASIADO EL OMBLIGO, PERO ES QUE ES MUY TENTADOR…
    CON RESPECTO AL DISEÑO EN MI OPINIÓN DEBE EXISTIR UNA RELACIÓN ENTRE EL FONDO DEL BLOG Y LO QUE SE QUIERE EXPRESAR CON ÉL PORQUE TODO DEBE TRABAJAR COMO UNO PARA DAR MÁS ÉNFASIS AL CONTENIDO…
    SEGUIRÉ LEYÉNDOTE CON FRECUENCIA.

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