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Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde

Una verdad incómoda

An inconvenient truth. Con Al Gore, dirigida por Davis Guggenheim.

Esta es una película imprescindible, que todos deberían ver. Habla del problema del calentamiento global y lo que dice es grave, gravísimo: en los próximos años, si seguimos como hasta hoy puede haber cambios abruptos, varios cambios abruptos: se puede derretir este glaciar, se puede morir este coral, se puede evaporar esta masa de hielo, digamos que el menú es variado, pero en cualquier caso, las consecuencias son devastadoras. A veces las fantasías apocalípticas son eso, extrapolaciones afiebradas, pero cuando el consenso científico es total, las catástrofes se vuelven posibles, y sí, inevitables a menos que se haga algo.

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Los 1001 libros que hay que leer antes de morir

Ya habrán visto esta serie de libros en la librería. “Las 1001 películas que hay que ver antes de morir” y “Los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir”. El de los 1001 libros que hay que leer antes de morir todavía no está traducido (¿estarán armando una lista con más entradas de libros en castellano dado que la de la versión en inglés está tan sesgada hacia los libros escritos en inglés?).

Tengo que decir: a mí me gustan las listas. Me las tomo con soda, digamos. O sea, creo que siempre son arbitrarias, injustas, llenas de agujeros y de caprichos ridículos. Pero son un punto de partida para discutir (algunas de las mejores discusiones de cine las he tenido al discutir cuáles son las 10 mejores películas de la historia, o las 10 mejores escenas, etcétera).

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Casi nada, casi todo: “Five (dedicated to Ozu)” de Abbas Kiarostami

La película El sabor de la cereza, a la que muchos consideran como la obra maestra del iraní Abbas Kiarostami me aburrió y me irritó. Mucho. El cine experimental (o como se llame) no me interesa particularmente. Será porque en la mayoría de esos experimentos me siento una rata de laboratorio en la que se inyectan cantidades excesivas de aburrimiento y el resultado del experimento no me sorprende: me aburro, me duermo, me enojo. ¿Por qué, entonces, decidí bajarme con el eMule, Cinco (dedicada a Ozu), una película de Kiarostami de 75 minutos armada con 5 planos largos, donde la cámara casi no se mueve y donde no pasa casi nada? Y no es que no sabía de qué se trataba la película, sí, lo sabía. Será el verano o las ganas de darle a Kiarostami una segunda oportunidad. O más probablemente una reacción natural después de ver Apocalypto: ir lo más lejos posible de Gibson y su festival de inserciones sangrantes.

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