Mirá como tiemblo
por Xtian Rodriguez
Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde
Casi nada, casi todo: “Five (dedicated to Ozu)” de Abbas Kiarostami
La película El sabor de la cereza, a la que muchos consideran como la obra maestra del iraní Abbas Kiarostami me aburrió y me irritó. Mucho. El cine experimental (o como se llame) no me interesa particularmente. Será porque en la mayoría de esos experimentos me siento una rata de laboratorio en la que se inyectan cantidades excesivas de aburrimiento y el resultado del experimento no me sorprende: me aburro, me duermo, me enojo. ¿Por qué, entonces, decidí bajarme con el eMule, Cinco (dedicada a Ozu), una película de Kiarostami de 75 minutos armada con 5 planos largos, donde la cámara casi no se mueve y donde no pasa casi nada? Y no es que no sabía de qué se trataba la película, sí, lo sabía. Será el verano o las ganas de darle a Kiarostami una segunda oportunidad. O más probablemente una reacción natural después de ver Apocalypto: ir lo más lejos posible de Gibson y su festival de inserciones sangrantes.
Cinco planos.
El primero: un tronquito en la arena. Viene una ola y no lo toca. Vienen varias olas, no lo tocan. Pero una sí lo toca y quizás lo arrastre. Ya me tenté: ya estoy planteando una tensión, un enigma y ni siquiera sé si eso es lo que me está contando Kiarostami, que apenas mueve la cámara. ¿Hipnótico? Sí, seguramente. ¿Aburrido? Para mí sorpresa, no. Mi cabeza busca alguna variedad en las olas, juega a predecir cuál de ellas no va a tocarlo, cuál lo arrastrará apenas, cuál se lo llevará. Miro el nacimiento de la ola, miro como crece, miro como rompe. Mira como baila. Mira como bailan: el tronquito, la ola, la espuma. Y empiezo a preguntarme pavadas, pero esa quizás, es también la magia del cine: ¿Kiarostami habrá elegido ese tronquito a propósito o lo habrá encontrado por casualidad? ¿Habrá filmado muchas tomas y esta es la mejor? ¿Por qué eligió esta? El tronquito de pronto se toca con una piedra. Esto es raro. El tronquito fue y vino entre las olas y de pronto se mueve hacia la derecha y emerge de la ola, toca a la piedra apenas y luego desaparece. Esto no puede ser ensayado. ¿Será que todo esto tiene un significado alegórico medio cursi? ¿Somos tronquitos y piedras arrastrados por las olas que apenas nos tocan y nuestro único contacto es azaroso y dura un instante y luego nos traga el mar para siempre? Por suerte el plano se disuelve antes de que siga pensando pavadas. A ver qué viene ahora…
Segundo plano: una cámara fija en una especie de rambla. Personas que pasan caminando delante de la cámara de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Algunas solas, otras en pareja, caminan más lento, caminan más despacio. ¿Esto estará ensayado? No parece, porque no pasa nada. Ese viejo que pasó, ya había pasado en dirección contraria antes o es un vieo distinto. Hm. Pasa una mujer con un cochecito. Qué raro, un cochecito. Esto no lo pienso así, pero es cierto que el cochecito es raro, porque hasta ahora pasaban todos caminando. De pronto se reúnen cuatro viejos en un costado de la pantalla. Quedan lindos los viejos reunidos en grupo, no sé por qué quedan lindos, quizás porque rompen con ese ir y venir constante del resto del plano. Este plano no aburre, pero no me dice mucho. A ver el siguiente.
Tercer plano: este sí es un plomo. Una cámara, otra vez fija, filma a un grupo de perros a la distancia. Más que perros son manchas que apenas se mueven. Ahora sí me aburro. Tengo que hacer pis. La pregunta: ¿pongo pausa? Con el tronquito habría puesto pausa pero en esta no. Voy a hacer pis, vuelvo. Las manchas siguen ahí, pero son distintas, apenas. Los perros se levantan, caminan, mueven la cola, ¿por qué moverán la cola? ¿Habrán encontrado algo? Si encontraron algo y eso les hace mover la cola a cuatro de los cinco perros, ¿por qué el quinto perro no se levanta y va a compartir la alegría? La imagen va fundiendo a blanco lentamente y esto parece enlentecer todo todavía más. Estoy listo para el cuarto.
Cuarto plano: una pequeña obra maestra. Original, simple, divertidísimo. Ahora la cámara fija filma unos patos que cruzan la cámara de izquierda a derecha. Qué lindos los patos, qué lindo estar vivo en un mundo dónde hay patos que caminan. Lo digo en serio. No voy a decir más de este plano, que vale toda la película, que vale muchas películas. “Esto es cine”, pienso, no sé muy bien por qué. Lo único que me pregunto es si estoy disfrutando al ver los patos porque antes estuvieron los otros tres planos, porque esos planos me educaron un poco la mirada y ahora puedo relajarme y disfrutar de estos patos que son un plato. No lo sé.
Quinto plano: este dura como media hora y es muy interesante. Por momentos me aburro. Sé que la película dura 75 minutos y cometí el error de mirar el timer y ver que señalaba 47 minutos. O sea que queda media hora de película y no hay patos. Lo que hay es una mancha de luz (¿la luna?) que se refleja en el agua. Acá pasan cosas, acá pasa el tiempo. La luz tiembla, se desvanece, aparece de nuevo, se estira, se quiebra porque empieza a llover y algo parecido pasa en el plano sonoro.
Listo, terminó. Me siento raro. Será porque no me irrité. Sentí que Kiarostami estaba siendo honesto, no pretencioso. Estaba diciendo algo sencillo, estaba diciendo “mirá esto” y nada más. O quizás, al decir “mirá esto”, estaba diciendo “volvé a mirar todo lo demás”. Hm, eso suena como una orden. Quizás estaba diciendo algo esperanzado: “se puede volver a mirar todo”. Una segunda vuelta, eso, un volver pero hacia adelante. O quizás todo esto me lo imaginé yo.
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¡Qué bueno sos! No aburrís ni siquiera contando lo que filma Kiarostami. Te leo siempre, aunque casi nunca comento. Espero tu libro.
Yo me puedo quedar horas mirando el mar, las olas que rompen, que llevan palitos y conchas, y también juego internamente a pensar si la ola que sigue le gana a la precedente. Eso, me gusta y me sorprende que pensemos cosas parecidas cuando miramos el mar. Muy bien contado, igual no sé si veré la película.
claroclaro, todos pensamos en esto con las olas… Xtien lo describe bien… es agradable leer el relato del film.
Y así es el asunto, uno prueba una y otra vez, a ver que dice el tipo con su obra… y se pregunta… a veces hay gente que necesitas alcanzar para entender, y otras que el asunto es fome nomás… cómo saber cuál de las dos opciones es?
Pero claro, el que filmó, pintó sabrá que público quiere (o puede alcanzar). O no.
la de arriba soy yo. Y yo no dejo anónimos.(que Karma con este computador!)
Hola Cristian. Me hacés reir mucho. Con “El sabor de las cerezas” me pasó algo parecido. No me irritó tanto el hecho de que una 4×4 estuviese media hora dando vueltas por una cantera sino que mi hermano me dijo “los del videoclub todavía se están cagando de risa de vos”.
Pero en fin, se dice que el cine iraní tiene otros tiempos. Así como los argentinos tenemos tiempos y planos más largos para los europeos.
Me gustan mucho tus blogs, los voy descubriendo de a poco.
Un saludo
quien serás tú? que escribes algo tan maravilloso sobre FIVE, me emocionó leerte…recordar la mirada sencilla ( casi imposible) y perfecta de esa película.