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Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde

La noche de los librerías

Sonaba bien: La Noche de las Librerías. Me encanta ir de librería en librería, de la mesa de novedades a la de saldos. Me encanta hablar de libros, con los libreros, con los amigos, con gente que lee y escribe. Esperaba encontrar todo eso ayer; lo que encontré fue una gaffe organizativa.

El evento no fue multitudinario, pero lo parecía, porque la gente se acumulaba frustrada y molesta en las puertas de las librerías y los cafés donde se realizaban los eventos. La mayoría de los lugares dónde se realizaron las charlas no estaban preparados para recibir a más de 20 personas sentadas, cómodas. En todos los casos el público que quería ingresar multiplicaba por 5 o por 6 esa capacidad. ¿No era más sensato usar las salas del Teatro San Martín o las del Rojas para las charlas, debates y recitales de cuentos? Sí, La Paz, El gato negro y La Giralda son lugares icónicos, pero no necesitan ser homenajeados de esta manera, con gente refunfuñando, en puntas de pie asomada detrás del hombro de otro, estorbando a los mozos. La Giralda, por ejemplo, podría haber ofrecido un chocolate con churros barato. El gato negro un té aromático, La Paz un tour por la pecera de los fumadores.

En cambio la calle, cortada al tránsito, estaba casi vacía, salvo por unos livings de mesita ratona y sofás a razón de dos por cuadra, donde la gente se sentaba para abanicarse la humedad ambiente. Unos chicos en zancos repartían no se qué. Unas chicas en mini repartían suplementos Ñ. Unas combis repartían botellitas de Terma en una esquina (la cola fue la más larga y ordenada de la noche).

¿Y las librerías? Bien gracias. Si algún iluso (yo), supuso que los libreros aprovecharían la calle cortada para sacar caballetes a la calle y apilar libros en oferta, se equivocaron: ni a uno solo se le ocurrió tal idea. Si no tenían ánimo para las ofertas, tampoco se les ocurrió sacar las mesas a la calle para hacer más lugar para las charlas. Para decirlo mal y pronto: los libreros de Gandhi, Librería Hernandez y Losada se comportaron ayer con la misma indolencia chabacana que los de Yenny: ayer fuimos todos ganado. (Igual Yenny se distingue por sus empleados mogos que no saben deletrear Cortazar en la pc, por su insistencia en vender esa revistita horrible y por la tarjeta que te encajan y que te permite acumular puntos para dentro de 15 años ganar una taza de té).

Las charlas prometían. Me quedé con ganas de ver a Fabián Casas, a Gustavo Nielsen, a Rafael Spregelburd, a Tom Luppo, y a varios más. Estoy seguro que todos ellos aman los libros y las librerías tanto como yo. En el folleto dice que la idea es continuar con estas noches en otras calles de la ciudad. Cruzo los dedos y brindo porque la próxima vez la Actitud Buenos Aires no sea la que se respiró ayer.

3 comentarios a “La noche de los librerías”

  1. pattyce |

    justo le había comentado a Jon para ir y me puso cara de “¿estas loca?”.

    y sí xtian, para lo de +ba falta mucho, pero mucho.

  2. Maestruli |

    Yo en ese momento estaba en clase de teatro en el Rojas, y lo único que percibimos fue el caos del tránsito sobre Corrientes. Desconfío de cualquier evento multitudinario. Seré elitista quizás, pero así pienso.

  3. Mardevientos |

    Muchas veces en giro por una ciudad desee encontrar una librería abierta, silencionsa, con un lugar comodo para sentarme y descubrir nuevas emociones…, pero si la idea se convierte en un mundo de gente que corre, grita, y hace fila para entrar, en ese caso, prefiero sentarme en un bar!
    Saludos

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