Mirá como tiemblo
por Xtian Rodriguez
Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde
Una historia conmovedora, asombrosa y genial, de Dave Eggers
Así se llama la primera novela de Dave Eggers, publicada en el 2000, que acabo de terminar de leer (en inglés, está traducida al castellano, se editó en España, aunque resulta casi inconseguible). ¿Quién es Eggers? 1. uno de los jóvenes representantes de la nueva narrativa usamericana (el otro que se me ocurre es David Foster Wallace: Eggers escribió el prefacio a Infinite Jest, el socotroco de 1200 páginas de Wallace), 2. el fundador de la revista Might (una revista literaria en tono satírico), 3. el fundador de McSweeney’s, una editorial independiente que publica revistas y libros (una de ellas en formato DVD), 4. el fundador de 826 Valencia, una organización sin fines de lucro que le enseña escritura a chicos y adolescentes (originalmente con sede en San Francisco, pero que se ha extendido a otras ciudades), 5. varias cosas más (es el editor de la serie “The best American nonrequired reading”, etc).
Bueno, ese es el contexto. Joven nacido en 1970, que ingresa al mundo literario en el 2000 con esta novela, con experiencia en el mundo de las revistas, los comics y el humor y que conoce los mecanismos de la (auto)promoción. A heartbreaking work of staggering genius fue bestseller y estuvo nominada al Pulitzer.
La pregunta es si todo este revuelo es merecido o no, si realmente Eggers escribió una novela conmovedora, asombrosa y genial. Para mí no: la novela tiene momentos que cumplen con los tres adjetivos, pero son solo momentos. El conjunto es desparejo, extenso, y pastoso.
El libro es en gran parte autobiográfico. Eggers se encarga de señalarlo. En realidad Eggers se encarga de señalar casi todo. Muchos de estos señalamientos aparecen en un extenso prólogo, en el que Eggers detalla las partes de su historia que adulteró, los párrafos que decidió quitar de la edición final, los símbolos que incluyó y sus significados y hasta su opinión del libro mismo (se puede leer hasta tal página, de tal página a tal otra el libro es desparejo, etc). Este recurso parece un truco anticrítica, una especie de fuyivape que mata bien muertas las críticas más obvias al libro: su argumento endeble, su tendencia a la digresión y a la acrobacia textual, sus símbolos obvios y recurrentes.
¿Pero qué es lo que queda, que es lo que sedimenta, luego de tantos malabarismos y escudos anticrítica? Mi respuesta es: lo mismo que queda luego de leer On the road (En el camino, de Jack Kerouac). Una prosa prodigiosa, rítmica, inquieta que cuenta casi nada, un hilo de historia arrastrado por la corriente de la prosa. Incluso el estilo a veces parece ir en contra de lo que se cuenta: aunque lo que se cuente sea devastador la sensación es que se está leyendo algo vital (el libro empieza relatando la muerte, en un lapso de un mes, del padre y la madre de Eggers). Ahora que lo pienso este quizás sea el mayor logro de Eggers. En el libro de Kerouac los personajes van y vienen como hormigas desparramadas en un mapa, en el de Eggers esas hormigas parecen representar los impulsos elétricos en la cabeza de Eggers, sus estados de ánimo, que van de la paranoia al entusiasmo, de la idea de mortalidad a cierto panteísmo anárquico, a lo Walt Whitman.
¿Qué pasará con Eggers? ¿Seguirá el destino de Kerouac, condenado a escribir versiones más o menos budistas de En el camino? No lo sé. Por lo pronto esta novela, más que una historia conmovedora, asombrosa y genial, me pareció una historia despareja, a veces arrolladora, a veces aburrida, contada con absoluta fluidez.
Nota 1: Eggers vendió los derechos para que se haga la película de este libro y el que escribió la versión para la pantalla es nada menos que Nick Hornby.
Nota 2: Las últimas páginas de esta novela tienen una fuerza excepcional.
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A mí me gustó. Lo leí en castellano. Es un buen libro, pero demasiado exhibicionista y sin demasiada calidad literaria. Me aburren esos escritores estadounidenses que sólo saben hablar de sí mismos.