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Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde

Mamma mia! (2008)

De Phyllida Lloyd. Con Meryl Streep y Pierce Brosnan. 2008. 108 mins. Si ni tus amigos gays defienden un musical armado a partir de canciones de ABBA protagonizado por Meryl Streep, algo anda mal. Y la verdad, todo anda mal en esta película: desde el argumento, pasando por el casting y las coreografías y terminando en las canciones.

El argumento: nadie pide un mecanismo de relojería ni elucubraciones existenciales a lo Bergman, apenas un hilo de trama que sostenga los números musicales. Acá lo que hay es esto: madre dueña de hotel en isla griega (Donna, interpretada por Meryl Streep) e hija, Sophie (Amanda Seyfried) a punto de casarse. Sophie no sabe quién es el padre y decide averiguarlo el día de su casamiento invitando a los tres posibles padres.

Tanto Donna como Sophie tienen dos personajes secundarios anexados, que funcionan como escuderos. O sea, se arman tres tríos (casi digo tres tristes tríos): Meryl Streep y sus dos amigas de años atrás, invitadas a la boda, Amanda Seyfried y dos amigas del colegio y Pierce Brosnan y los otros dos candidatos a padre. Supongo que esto de armar tríos con una figura principal y dos secundarias que “comentan” la acción será un guiño a los coros del teatro griego, al fin y al cabo, la película transcurre en Grecia, che.

Hasta ahí todo okay. El problema es que esta estructura, ya endeble, se desmorona a los 5 minutos. El trío de mujeres maduras sufre espasmos cachondos cada 5 minutos y se pone a saltar sobre la cama en cámara lenta, se desliza por las barandas de las escaleras, se revuelca por la arena de las playa o hace karaoke con los tubos de desodorante a bolilla. La menopausia nunca se vio en pantalla tan pero tan sucundúm. Sí, sí, una de las viejas loló tiene una noche “salvaje” con un negro de pelo duro, ¿cómo adivinaron? Sophie, la adolescente en busca de padre, le pone onda: trata de actuar emocionada ante cada curva y contracurva del guión, que la obliga a cambiar de emoción cada 3 minutos y medio, que viene a ser lo que dura cada canción. Mientras Pierce Brosnan ladra, ladra y ladra sobre distintos telones de fondo (sí, son actores, no cantantes, les perdonamos que pifian algunas notas, pero Pierce tiene una extraordinaria capacidad para pifiarlas todas), sin siquiera preguntarse qué cuernos está haciendo en esta película (por ahí leí que aceptó el papel sin saber de qué se trataba la película porque estaba Meryl Streep. Está claro que tampoco supo de qué se trataba la película mientras la filmaba).

Repaso rápido el resto de los rubros: las coreografías: chatas o excesivas, sin paradas intermedias. O las viejas bailan revoleando un secador de pelo o aparece un ejército de bañistas con patas de rana bailando con menos onda que en La carpa del amor. No da ni para camp. Las canciones: desparejas, a veces cantadas por los actores y a veces obviamente sobregrabadas. Las actuaciones: 2 minutos de escena “emotiva” entre Donna y Sophie, que funciona bien pero desentona dentro del enchastre generalizado.

Conclusión: que las canciones de ABBA son una gloria ya lo sabíamos, que Meryl perdió el sentido del ridículo (¡lo bien que hace!, se nota que la pasa bomba), también. El resto se lo podrían haber ahorrado, aunque mirándolo de otra manera, a los argentinos nos sirve: la saga de Los bañeros más locos del mundo no tiene nada que envidiarle a este tanque hollywoodense.

Puntaje: 2/10.

2 comentarios a “Mamma mia! (2008)”

  1. Kenosh |

    che! nah… está buenísima la peli. ¿Por qué exigirle tanto? Solo es un músical millonario. Consejo humilde: entregate a la nostalgia y a la música… Ah sí, sí, lo de Pierce Brosnan no tiene remedio

  2. botaslocas |

    jajaja Kenosh, no se que cine ves vos pero fue bastante sutíl el articulo, es más, no había necesidad de analizarlo pero me hizo reir mucho leerlo porque fue muy inteligente.

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