Acá publico un adelanto exclusivo: tres cuentos de Marcela y su lavadero, para disfrute de los internautas veraniegos.
Barrios y banderas
Ana, la mayor de mis hijas, cursó los dos primeros años de la secundaria en un colegio privado. No se sentía cómoda con sus compañeros así que en tercer año se inscribió en el Colegio Nacional de Quilmes, popularmente llamado “el Nacio”.
Un vecino que era profesor en ese colegio le dijo: acá vas a estar bien, el ambiente es variado, viene desde el hijo del gerente del Banco Supervielle hasta los chicos de la villa El Monte.
Así fue que Ana conoció a Mirta, una chica de su división. Enseguida se hicieron amigas.Mirta vivía en Quilmes con una tía pero sus padres y sus hermanos vivían en Ciudadela. En septiembre, para su cumpleaños invitó a varias chicas de la división y a Ana, a una reunión que haría en su casa paterna. Tenían que estar ahí a las tres de la tarde de un sábado. Como era muy lejos decidí llevar a mi hija en el auto. Consulté la guía Filcar y la calle que debía tomar para llegar a la casa , desembocaba en un espacio verde y vacío. Bueno pensé, cuando estemos ahí preguntamos.
En el viaje Ana me contó que ninguna de las chicas iba a ir a la reunión porque era muy lejos.Enarbolé una bandera y le dije: está muy bien que vayas, sería horrible que ninguna compañera de la escuela esté en el cumpleaños.
Cruzamos la General Paz y tomamos por la calle García Lorca. Estábamos encaminadas. El barrio era de clase media pero poco a poco se fue transformando en un barrio definitivamente pobre.
¡Es acá! dijo Ana señalando unos monoblok que estaban a su derecha. Mirta me dijo que era el monoblok 2 departamento 5. Estacioné el auto y bajamos. Mirta vivía en Fuerte Apache.
No había nadie por ningún lado para preguntar cual era el monoblok 2, así que nos internamos en el barrio. A lo lejos ví un grupo de personas conversando y le dije a mi hija: vamos a preguntarles a aquellos.
Nos acercamos, y cuando pude verlos bien pensé que era mejor retroceder, pero ya era tarde, así que enarbolé otra bandera: ¿Qué hay que Mirta viva en Fuerte Apache?.¿Por eso se merece que nadie venga a su cumpleaños?. Y encaré a los seis tipos que enmudecieron de golpe cuando nos vieron. En otra circunstancia, yo hubiera enmudecido ante la presencia de esos tipos, pero tenía que dominar la situación y sostener las banderas que había enarbolado.
- Buenas tardes - dije mientras que Ana estaba parada detrás de mí.
- Buenas - contestaron los tipos rompiendo el silencio
- Estoy buscando el monoblok 2.
- Es ese que está ahí - señalaron sin dejar de mirarnos.
- Gracias - contesté.
Pegamos media vuelta y se escuchó que uno dijo: ¿no quiere que las acompañemos? Hice de cuenta que no escuché y empezamos a subir las escaleras del monoblok 2. Tenía la sensación de estar en un edificio abandonado y en ruinas. Nos cruzamos con una pareja joven que nos miró con curiosidad. Yo sostenía las banderas enarboladas, que a esa altura me servían de escudo protector y me permitían avanzar sin temor.
Tocamos el timbre en el departamento 5 y Mirta nos abrió la puerta con alegría. Su casa era chiquita y estaba su familia: Marciana la mamá, Saturnino el papá, una prima y tres hermanos veinteañeros que miraban MTV. Todos se abalanzaron para saludarnos. Marciana inmediatamente me convidó una pastafrola exquisita que acababa de cocinar y Mirta invitó a Ana a que la ayude a terminar de amasar las pizzas. Me convidaron unos mates y me fui.
Tenía que llegar a casa y comunicarle a mi marido que a las diez de la noche había que ir a buscar a Ana a Fuerte Apache. Tenía las banderas que había enarbolado y el tema era que él las sostenga conmigo. Lo hizo, y a las diez estábamos en Ciudadela.
Él se quedó en el auto y yo bajé. Corrí hasta el monoblok 2, subí las escaleras iluminadas con lamparitas de 25 wats y toqué el timbre en el departamento 5. Querían que me quedara a comer algo pero les dije que mi marido esperaba en el auto. ¡ Ah no, entonces vayan! dijeron y Saturnino decidió que todos los varones jóvenes de la reunión nos acompañaran. Mirta también vino para despedirnos. Íbamos en fila, Ana y Mirta adelante, yo detrás de ellas y los muchachos custodios atrás de todo.
Llgamos al auto, nos despedimos y volvimos a casa.
Pasaron ocho años y Ana todavía recuerda que las pizzas mas ricas que comió en su vida, fueron las que amasó con Mirta ese día. También recuerda que Marciana le enseñó que las cebollas para la fugazza se cortan largas y muy finitas. No se olvida que esa tarde, Mirta la llevó a recorrer el barrio y que las dos estaban felices.
Yo cada tanto me pregunto si ese sábado, con el asunto de sostener tantas banderas, puse en riesgo la seguridad de mi hija, y siempre me respondo que no.
Sábana y mantel
Sábanas y manteles, que llegan al lavadero en 4x4. Ellas con rastros de perfume Kenzo en las fundas, y plumitas que se escaparon del edredón. Son sábanas enormes, tamaño king size, de tela fuerte y firme que calzan justo en el sommier.
Ellos, los manteles, con manchas de vino fino y de frutillas con crema, y con olor a leña del asado en el country.
Sábanas y manteles bordados a mano, los del ajuar, que llegan al lavadero adentro del changuito de Doña Francisca. Ellas, las sábanas, con manchas amarillentas arraigadas desde años, con remiendos que dejan claro que tienen que durar hasta el último día.
Ellos, con la historia de Doña Francisca bordada en la trama. Me la imagino hace cincuenta años, bordando sus manteles con la certeza de que así se empieza a ser una buena ama de casa. Y las manchas que no salen, porque fueron miles los almuerzos y las cenas en casa de Doña Francisca. A ella ya no le importan las manchas, total come sola, y después de todo cuando se muera, su nuera tirará esos manteles.
Sábanas y manteles que llegan al lavadero en el bolsito negro de Ramón, el albañil. El vive en la obra de la otra cuadra, y sus sábanas están ásperas, por la cal y el cemento. La de abajo gastada, casi transparente. La funda es de otro juego, tiene otro estampado, y la de arriba está manchada con lavandina. El mantel de Ramón es chiquito. Me dijo que lo pone arriba de una rodaja del tronco de un árbol que usa a modo de mesa. El mantel de Ramón tiene olor a asado de obra, manchas de mate y de vino barato.
Sábanas y manteles de los estudiantes de la UNQUI, que llegan al lavadero adentro de una mochila. Sábanas y manteles nuevos comprados por las madres que se encargan de que a sus hijos no les falte nada. Vienen de las provincias a estudiar a Bernal y viven en casas alquiladas, lejos de sus familias. Sábanas de abajo con los elásticos nuevos, con ajuste perfecto. Estampados rayados o a cuadros para los muchachos y románticas florcitas para las chicas. Los manteles de los estudiantes de la UNQUI, tienen manchas de mate y principalmente de tinta de birome, porque estos jóvenes no sacan el mantel de la mesa después de comer.
Sábanas y manteles cargados de sueños, placeres, soledades, cansancio, secretos. Yo a veces no quiero saber, pero ellos me lo cuentan todo.
La que vio a la virgen
Son las cuatro de la tarde, estoy en pleno doblado de sábanas y entra una señora mayor.
- Buenas tardes
- Buenas tardes
- Le dejo esta ropa para lavar y secar
- ¿Su nombre? - le pregunto para llenar el tiket.
- Lucía.
- Ah Lucía!. Así se llama mi hija menor- le comento sin pensar que a ella puede no interesarle como se llama mi hija.
- Ahora todas se llaman Lucía. ¿Les habrán puesto ese nombre por “la que vio a la virgen”?- dice la señora lo mas campante, como si estuviera diciendo que hace calor o que hay humedad.
-Mi hija tiene los ojos muy grandes y celestes- le contesté siguiendo la línea que ella estaba proponiendo, o sea, conversación de locos.
Yo veo a la virgen, dijo la señora Lucía ignorando por completo los bellos ojos de mi hija, y desafiándome claramente a un duelo de locas de atar.
- ¿Cuándo?- ataqué.
- ¿Qué?
- Digo que cuándo ve a la virgen.
- ¡Cuando ella quiere! Es como el que ve a Jesús. Yo lo veo, pero cuando él quiere.
- ¿Ah sí? ¿Porqué? ¿Se esconde? - pregunté irónica.
- Es como escuchar la voz de dios - deliró revoleando los ojos como en éxtasis.
- ¿Cómo es la voz de dios? Pregunté
- La voz de dios es...........¡infinita!. Yo la escuché cuando mi marido estuvo muy mal. Dios me habló.......me dijo: Yo estoy acá ! No sabe lo que es la voz de dios !
- Bueno, la ropa estará lista mañana a las 11- y corté la conversación antes de que la señora se brote y ya no pueda controlarla.
- Hasta mañana
- Adiós - le respondí .
Al día siguiente estoy en el lavadero con Ricardo, mi marido. Entra la señora Lucía.
-Buenos días
-Buenos días. Acá tiene su ropa lista.
Ricardo se está tocando el pecho porque hizo gimnasia y le duelen los músculos.
La señora Lucía interroga:
-¿ Le duele el corazón?-
- No -, responde Ricardo perplejo.
-Pero ¿le duele?-
-No, no-.
Yo intervengo para liberar a Ricardo de un futuro ataque de hipocondría:
-Se quiere mucho a sí mismo, por eso se toca- y rogué para que se calle.
-¿Le duele el corazón?.¿Tiene presión alta?- siguió molestando desubicadamente.
-No, no!- Insistió Ricardo asustado.
Y como si se tratara de un concurso de “ a ver quien cambia mas rápido de tema”, la señora Lucía se despachó con un:
- Bueeeeno será hasta otro díiiiia- y dejó a Ricardo en estado de shock
La acompañé hasta la puerta y ella me preguntó en voz baja:
-¿Es el dueño?-
-No, es mi marido. Los dos somos dueños-
- Ay, te felicito querida, hasta luego-
- Adiós- le contesté.
chas gracias Xtian por el adelanto.
saludos
Me parecieron excelentes los tres relatos.
Lo que más me conmovió fueron los manteles de Doña Francisca, que cuando ella muera, su nuera los tirará. Te juro que cuando lo leía, hasta pude tocarlos :-O
Y sí... da ganas de leer el libro entero de Marcela!!!
Saludos X-tian y gracias.
Rosarioso, desde Rosario, cuna de la Bandera Argentina.
el primero... ese es mi preferido. Me gustaría leerlo contado por Marciana. Y yo, yo debería "copiarlo" con la vez que llevé a mi hijo al manicomnio (si así se debería llamar ese lugar) a ver a una amiga en etapa maniaca.
, el 01 de Febrero de 2007 a las 5:18 AM | Enlace permanentela de arriba soy yo: Pal. No me gusta ser "anónima)
pal, el 01 de Febrero de 2007 a las 5:20 AM | Enlace permanenteel otro dia alguien me dijo que entre tanto cancherito suelto, el lector agradece cuando se le da algo simple y profundo, que se puede leer bien.
asi que como lector, digo ¡gracias!
Me gustaron los tres. El primero me hizo acordar a algo que me pasó hace mucho, en el secundario. Fue casi igual, pero en Avellaneda. La chica vivía en las torres de Dock Sud, que están debajo de la autopista, y sólo dos compañeros nos animamos a ir... Obviamente, no pasó nada, ni tenía por qué pasar, pero la gente a veces se persigue de más. Yo vivo en un barrio que es muy tranquilo, en el que nunca pasa nada (llega a ser incluso aburrido), pero hay mucha gente que piensa que es peligrosísimo, y los remises no te quieren llevar. Cuando digo adónde voy me dicen "noooooo... a ese barrio no voy ni loco...". A veces he llegado a mandarlos a la concha de su madre y decirles que se metan la radio con la que escuchan Radio 10 en el culo. Hace unos diez años, yo laburaba como asesor del presidente del Concejo Deliberante. El tipo de la agencia de remís me dijo "no, ese barrio es muy peligroso. ¿Tenés cédula de identidad?". Yo saqué mi DNI, no sé por qué, y se lo mostré. Me dijo "No, cédula"... Y yo hice la canchereada de sacar la credencial de asesor del presidente del Concejo y le dije "cédula no tengo, pero tengo ésta, ¿te sirve?". El tipo se asustó (seguramente habrá pensado "éste me manda a la policía municipal a hacerme una inspección") y me empezó a pedir disculpas. Fue a abrirme la puerta del remís y yo le dije "No, gracias. Con imbéciles con ganas de ser policías que le piden documento a la gente que vive en un barrio pobre yo no viajo", y me fui, re caliente. Es muy feo todo eso y, de algún modo, me sentí identificado con el relato.
Sin embargo, el que más me gustó como relato fue el de las sábanas y los manteles. Es un lujo.
Felicitaciones a Marcela!
A mi lo del remise me pasó con un tachero pelotudo hace unos seis meses.
Encima me avisó cuando estábamos a 10 cuadras.
La próxima vez que me lo hagan, que le pague cadorna. Se supone que el servicio es dejarme donde yo digo, no donde a él se le canta (para eso, tomo un bondi que es mucho mas barato)
Muy bueno el relato ¿que días se reunen en el taller? Porque me está tentando la idea de ir...
Dark Tide, el 03 de Febrero de 2007 a las 8:48 PM | Enlace permanenteMe conmoviò el cuento de los manteles y las sabanas en la parte que habla de los estudiantes del interior. Soy una de ellos y me identifiquè, en mis manteles también hay manchas de mate y tinta, y mi vieja se encarga de que todo esté perfecto cuando vuelvo después de algún fin de semana por mis pagos. Me encantó.
Saludos!
Yo tengo una amiga que era dueña de un lavadero. Le encanta escribir, pero ficción, poemas... Nunca logré convencerla de compartir las historias verdaderas que se generaban en el lavadero. Ahora leo a Marcela y ahí están los personajes, tan conocidos, tan locos. Doña Francisca es nuestra doña Pepa, Ramón es nuestro Tati. UNQUI es UNLZ. De las tres la que más me llegó fue la de las sábanas y los manteles. Al leerla no podía parar de llorar. Mi hijo se fue a vivir lejos de casa por cuestiones de trabajo y entre su hermana, su abuela y yo le preparamos sus cosas. Él también cuenta su historia al llevarlas al lavadero.
Ana, el 07 de Febrero de 2007 a las 12:17 PM | Enlace permanenteEstán buenos los 3, pero dentro de mis preferencias elijo el segundo. Una muestra de cuánto se puede decir en pocas líneas. Un lujito. Felicitaciones a la autora.
Ernesto, el 09 de Febrero de 2007 a las 4:01 PM | Enlace permanenteBruno, con respecto al comentario sobre los remiseros que piden documentos. No soy ni hijo ni pariente ni amigo de ningun remisero, pero me imagino que el remisero no es un policia frustrado, sino un tipo que quizas fue robado en el pasado. Creo que decir quizas es poco, yo diria seguramente. Es cierto que probablemente de 100 veces que uno va a Fuerte Apache quizas una sola vez le pase algo malo, pero creo que esa paranoia es entendible, principalmente porque la vida es lo que esta en juego.
Ramiro, el 24 de Febrero de 2007 a las 2:29 PM | Enlace permanente