Lunes 23 de Mayo de 2005

Criticus interruptus

Soy un lector voraz y promiscuo. Y de aliento corto, al menos últimamente. Voy a todos lados con una mochila en la que cargo 3 libros, por lo menos. Compro libros en tamaño pocket para que quepan en el bolsillo del jean o del buzo, y así poder tener algo encima cuando no estoy con la mochila en la espalda. Leo en el baño, en los cafés, en el subte y en la cama antes de dormir. A veces leo mientras camino o mientras subo las escaleras mecánicas. Leo novelas, cuentos, ensayos, diarios y revistas, weblogs.

Lamentablemente, rara vez termino lo que empiezo a leer. Si el libro tiene más de 100 páginas es muy probable que me quede en el camino. Estoy seguro que no es un problema del escritor, sino mío: tengo severos problemas de atención y una personalidad compulsiva. Pero hoy decidí que eso no debería impedirme opinar sobre las 10, 15 o 100 páginas de los libros que empecé a leer y nunca terminé. Acá van las críticas interruptus de lo que cayó en mis manos en el último año:

1. La dama del perrito y otros cuentos, de Anton Chejov. Leí solo "La dama del perrito". Mucha gente que escribió obras maestras (Cortázar) opinaban que Chejov fue uno de los cuentistas fundamentales. También leí en la internet que este cuento en particular es una maravilla. Para mí fue una fetita de queso de máquina, es decir, cuadrado y con muy poco sabor.


2. Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm. Leí el primer capítulo. Muy bien escrito, seguramente un libro fascinante, pero yo soy de los que no saben que significa "Prusia" y no tiene ganas de frenar cada dos párrafos para ir a consultar el diccionario. Tendré que empezar con algo más a mi nivel: o sea, algún librito de historia del secundario.

3. Essays of E.B. White, de E.B. White. Leí 4 o 5 ensayos y todos son maravillosos. White fue uno de los ensayistas fundamentales yanquis del siglo XX. Si existiera la justicia literaria tendría que ser tan estudiado y admirado como Hemingway o Fitzgerald, pero no lo es, quizás porque escribió mayormente para revistas (como el New Yorker). Su ensayo "The sea and the wind that blows" es uno de los textos más bellos que leí.

4. Cuentos completos, de Abelardo Castillo. Leí los 8 primeros cuentos de "Las otras puertas" y me alcanzó para decidir que Castillo es uno de los escritores argentinos clásicos. "El marica" es un cuento perfecto y "Also sprach el señor Nuñez" una delicia.

5. Mitologías, de Roland Barthes. Leí el ensayo "Un obrero simpático" y no me dijo nada. Leí "Cocina ornamental" y me gustó mucho.

6. El fuego más alto, de Marcelo Birmajer. Leí los 6 primeros cuentos del libro. Me encantó "La última familia feliz". "El fuego más alto" y "La espera religiosa" me parecieron excelentes ideas que no cristalizaron en la página. Los otros 3 cuentos ni fu ni fa.

7. Against interpretation and other essays, de Susan Sontag. El ensayo "Contra la interpretación" debería ser obligatorio.

8. Nadar de noche, de Juan Forn. El cuento "Nadar de noche" es uno de mis cuentos favoritos en castellano. Después de leerlo decidí empezar por el primer cuento y leí "El karma de ciertas chicas". Me gustó, pero no mucho, y dejé de leer.

9. Sin and syntax, how to create wickedly effective prose, de Constance Hale. La editora de Wired te enseña cómo escribir prosa endiabladamente efectiva. Muy ágil de leer y con excelentes ejemplos de prosa cool y filosa. Todo muy bien, pero ninguno de estos consejos me ayudó a ser más cool o filoso. Leí hasta la mitad.

10. Memorias de mis putas tristes, de Gabriel García Marquez. Me llevo mal con Gabo. No pude pasar de la tercera página de Cien años, y eso que lo intenté. Acá terminé el primer capítulo y puedo decir que hasta me gustó. El narrador (un viejo) dice "sardineles" y "filipichín" y las oraciones se leen fácil, como si resbalaran. No sé por que no seguí leyendo.

11. Plataforma, de Michel Houellebcq. Leí la primera parte (hasta la página 122). Se lee fácil y se entiende por qué Michel se ha vuelto tan famoso tan rápido. El problema es que soy un romántico asqueroso y un optimista culposo y ese narrador desencantado y que vive y escribe en piloto automático me resulta insoportable. Estoy más cerca de Poldy Bird que de Houllebecq y es hora que lo asuma.

12. Los mitos de la historia argentina, de Felipe Pigna. Lectura amena y progre, aunque ya debería haber aprendido a no comprar libros que anuncian en la tapa que se vendieron 1 millón de ejemplares o que la quincuagésima edición se agotó en una semana. Seguramente terminaré leyendo entero, aunque dudo que llegue a creerme del todo un libro que sugiere que Mariano Moreno fue el primer desaparecido y que habla de "décadas infames" en la Argentina colonial, como si compartieran nucleótidos con la de 1930.

13. Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter S. Thompson. El libro fue una novedad en su momento. Seguro que esa es su mayor virtud y su principal defecto. A mí las drogas me aburren. Y la literatura drogona y reventona me aburre el doble. Capaz que lo leo entero igual, porque es cortito.

14. Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Marquez. La primera oración es excelente: "El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo." El primer capítulo es muy bueno. Lo abandoné igual, andá a saber por qué.

15. Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Leí el primer capítulo pero en ese momento necesitaba algo que pudiera leer en el subte y Flaubert no, no y no. Próxima estación: Fontanarrosa.

16. Usted no me lo va a creer y otros cuentos, de Roberto Fontanarrosa. Leí cuatro cuentos. Excelente literatura de humor. Mucho barrio, mucho olor a sobaco, mucha inteligencia. O sea, me aburrí.

17. Viene a cuento (los diez relatos premiados en el Concurso "Viene a cuento"). El cuento ganador, de Gustavo Nielsen, es una joyita. Los dos cuentos de Sandra Russo están muy bien (aunque me gustó más el que ganó una mención que el que ganó segundo premio).

18. How to be alone, de Jonathan Franzen. Dicen que su novela "The corrections" es una de las mejores novelas yanquis de los últimos 20 años. Y dicen que Franzen es uno de los intelectuales americanos fundamentales. Las dos cosas se notan en los ensayos de este libro. Los leí casi todos (creo que me quedaron tres sin leer). Los fundamentales: "My father´s brain" y "Why bother?". Está en castellano.

19. El placer del texto y Lección inaugural, de Roland Barthes. ¿Por qué me empecino tanto con Barthes? Porque me dan muchas ganas de leerlo cuando alguien lo cita. Leerlo es otra cosa: es arduo.

20. Forgetting Elena, de Edmund White. Es de esas prosas lentas y rococó que seducen mientras la leés, pero que cuando tenés que retomar la lectura te exige un esfuerzo especial: volver un par de páginas atrás para volver a crear el clima necesario. Mi horno no está para esos bollos de cocción lenta.

21. La enfermedad y sus metáforas, de Susan Sontag. Hay que estar de un humor especial para leer un libro cuyo tema central es la tuberculosis y la enfermedad. Yo estoy de un humor especial, pero no de ése y me di cuenta al terminar el primer capítulo.

22. Incesto (Diario no expurgado 1932-1934), de Anais Nin. Y tampoco estoy de humor para leer el diario de una francesa incestuosa en 1932.

23. Un año sin amor, de Pablo Pérez. Y tampoco estoy de humor para leer el diario de un gay enfermo de SIDA en 1996 en el que no pasa nada de nada. Igual el libro sigue en el baño al lado del inodoro y cada tanto leo alguna entrada.

24. The book of the penis, de Maggie Paley. Un libro de 250 páginas sobre el pene. Sin fotos. Leí el prólogo y los agradecimientos.

25. Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé. Lo que decía de lectura compulsiva. Fui a un restaurant a comer al mediodía, estaba solo y el restaurant estaba vacío. No me animé a pedir una hoja y una birome para escribir y así entretenerme. Pedí la comida, salí a la vereda y compré este libro en un kiosco de revistas. Leí el primer capítulo (me gustó mucho). Llegó la suprema suiza. Nunca más lo retomé.

26. Conductores suicidas, de Alejo García Valdearena. Un libro hecho ENTERAMENTE de diálogo. No hay descripciones, no hay narración, no hay nada que no sea diálogo llano (ni siquiera tiene el típico "- dijo Marcelo"). La pregunta es: ¿se puede narrar así, sin ningún otro dispositivo que no sea la transcripción del habla? Parece que sí, porque Valdearena lo hace. Y lo hace muy bien: su oído es perfecto. El problema es que el hilo argumental es mínimo. Igual la virtuosidad en la "transcripción" del habla cotidiana de los personajes hizo que leyera 150 de las 253 páginas que tiene el libro.

27. A user´s guide to the millenium, de J.G. Ballard. Me encantan estoy ensayos de Ballard. El tipo es inteligente y cáustico y los temas son variados. Como no dejarse subyugar por alguien que dispara: "Brando y Mae West subieron al estrellato proyectando una carnalidad poderosa y desganada raramente vista antes, aunque Brando tenía la ventaja de tener los pechos más grandes". El problema es que no todos los temas que le interesan a Ballard me interesan a mí, y una vez que empecé a leer salteado supe que me iban a quedar ensayos sin leer.

28. Visions of Cody, de Jack Kerouac. Chorros y chorros de texto, palabras palabras palabraspalabras. Con estos azulejitos Kerouac construyó On the road. ¿Pero si no pude leer "En el camino" por qué se me ocurrió que podría pasar de la tercera página de este libro, que es su versión caleidoscópica y estallada en pedazos?

29. El evangelio según Van Hutten, de Abelardo Castillo. Venía en versión de bolsillo y me tenté. Salía 15 pesos. Lo acabo de abrir y el señalador está clavado en la página 37, al comienzo del capítulo 4. Lo voy a dejar ahí, quién te dice.

30. El cine según Hitchcock, de Francois Truffaut. Otro libro de bolsillo, otro que sé que voy a terminar, otro que puede quedar al lado del inodoro y ser abierto en cualquier página sabiendo que va a aportar algo interesante. Lo que quiero es ver más películas del gordo antes de seguir leyendo.

31. The white album, de Joan Didion. Es imposible no leer el ensayo "The white album" y no sentir que se trata de un texto fundamental. Didion logró transmitir como muy pocos otros las sensaciones que se vivían en USA a fines de los 60s. El problema es que al lado de esta maravilla los otros ensayos parecen relleno.

32. Flores de un solo día, de Anna Kazumi Stahl. El primer capítulo de este libro me empujó a un insomnio de 3 horas. Creo que fue por la potencia sensorial de la prosa de Anna, que acaricia todos los sentidos por igual. También es extraño ver como prosa que parece "mal escrita" alcanza tal nivel de efectividad. Y también es extraño el impacto que ese capítulo tuvo en mí, ya que se trata de una prosa que usualmente detestaría: llena de descripciones minuciosas, con un ritmo bien pausado, donde la acción parece replegarse para dar paso al protagonismo de una atmósfera. Volveré a este libro, pero cuando tenga los sentidos más despiertos de lo que los tengo ahora.

33. Blogging, genius strategies for instant web content, de Biz Stone. Demasiado básico, demasiado vendedor, demasiado aburrido. No duré ni tres páginas.

34. La guerra moderna, de Martín Caparrós. Creo que se llama "Nuevo periodismo": prosa cuidada y "literaria", el periodista embarrándose las manos, la ficción y la realidad licuadas y servidas on the rocks. El capítulo sobre prostitución infantil en Ceylán no me convenció. El del asesinato de un cantante de música tropical sí. El relato de la visita al museo del holocausto en Washington me pareció irrelevante. De todas maneras, Caparrós se mete donde nadie se mete, y eso siempre lo deja fuera del alcance del 99% de los demás.

35. Historias de hombres casados, de Marcelo Birmajer. El primer cuento, "El cuadro", es una maravilla. Está claro que Birmajer es un escritor nato (aunque su prosa siempre me parezca al borde de la torpeza). El segundo cuento, por comparación, me dejó con hambre y dejé de leer. El otro problema con Birmajer es el de Joaquín Sabina: está parado en el borde resbaladizo de la baba por las minas y la misoginia. Esto no tiene que ser bueno ni malo, pero aviso, por las dudas.

36. Gig, Americans talk about their jobs. Un proyecto interesante: un grupo de estudiosos le hizo "reportajes" a empleados de distintos laburos. Está el cantante, el stripper, el diputado, el agente del FBI, el que atiende la estación de servicio. Este libro compila esos testimonios, en formato de relatos en primera persona. La maryoría son fascinantes, otros son aburridos. Habría que hacer esto mismo en Argentina. A ver quién se anima.

37. Creía que mi padre era Dios, relatos verídicos de la vida americana compilados por Paul Auster. Otro libro en primera persona. La "gente común" contando cosas que les pasaron. La única verdad es la realidad, y esa verdad puede ser también ficción.

38. A Mencken chrestomathy, de H.L. Mencken. Mencken fue un periodista yanqui que escribió entre 1910 y 1950. Tenía una prosa incendiaria: no hay una sola página que haya escrito que no tenga el potencial del irritar al 90% de los que lo leen. Extrañamente, no fue linchado, sino que se lo considera el periodista fundamental de su generación. Leerlo es siempre un placer. Si no lo leí completo fue por dos razones: por la tentación de leer salteado y porque mi conocimiento de los Estados Unidos de los 10s a los 50s deja mucho que desear.

39. Soñar y contar, de Hanif Kureishi. Leí la tercera parte, "Escribir". Muy bueno: su prosa fluida nunca decae. Pero los otros temas que toca no me fascinaron, así que probé con su novela más conocida.

40. El buda de los suburbios, de Hanif Kureishi. Me gustó mucho el primer capítulo. Ahí se me ocurrió que debería leerlo en inglés, y lo dejé.

41. The blind watchmaker, Richard Dawkins. Un excelente libro defendiendo el darwinismo. Didáctico, fascinante y excelentemente argumentado. Me quedó por leer el último capítulo porque me estaba mudando a Argentina.

42. United states, essays 1952 - 1992, de Gore Vidal. Me encanta Gore Vidal. Este libro ganó el National Book Award y se lo merece. Leerlo siempre es estimulante. No lo terminé por varias razones. La principal: tiene 1300 páginas. Las secundarias: a. no todos los temas que trata me interesan (la política yanqui, por ejemplo) y b. en algunos temas estoy pintado (¿qué sentido tiene leer el ensayo "William Dean Howells" si no sé ni quién es?)

43. La tierra elegida, de Juan Forn. Leí varios de estos ensayos y me gustan mucho. Forn es de esos tipos (el otro es Fresán) que funcionan como brújulas estéticas. Sentís, cuando hablan de algo, que deberías comprarte ese disco o ese libro, y estás casi seguro de que te van a gustar. Ambos me parecen mejores como timoneles del buen gusto que como novelistas o cuentistas, pero quién soy yo al fin y al cabo para opinar.

44. Ética posmoderna, de Zygmunt Bauman. Cómo me cuesta leer prosa académica. "La mónada solitaria, cerrada herméticamente, queda abandonada entre la multitud de aquellos que se encuentran cerca aunque infinitamente alejados y enajenados sin remedio, y quienes en cada interrelación buscan tan sólo una oportunidad de nutrir su identidad...". Al leer esto siento lo mismo que cuando me mudé a Estados Unidos: mi cerebro cruje al triturar esas frases e intentar traducirlas a un lenguaje comestible. Otro libro "obligatorio" que seguramente nunca leeré. Tendré que esperar a que hagan la película.

45. Libro del desasosiego, Fernando Pesoa como Bernardo Soares. Hm, sí, quizás sí me guste. Por ahora siento que me lo recomendaron con tanta efusividad que fue una desilusión comprobar que no, no me hice pis encima. Me compraré pañales y volveré a intentar.

46. Cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont. Sí, es buenísimo. Sí, es inspirador. Sí, es fundamental. Pero es de esos libros que sentís que pierden fuerza luego de la página 30, a fuerza de repetición. No debería decir estas burradas respecto a estos clásicos fundamentales, pero confío en que casi nadie esté leyendo esta entrada 46.

47. The elements of style, de William Strunk Jr. y E.B. White. El librito ultra fundamental de cualquier persona que escriba en inglés. Tiene 100 páginas y alcanza y sobra. Ojalá existiera algo parecido en castellano. Ojalá alguna vez exista.

48. De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver. Carver no la pifia nunca. Cualquiera de estos cuentitos de 3 páginas contiene algo formidable o arrollador. El problema es que tengo que consumirlos en pequeñas dosis: el universo de Carver es brutal y yo soy un alma sensible. Aparte prefiero leerlo en inglés.

49. Paradiso, de José Lezama Lima. Debo ser uno de los cientos que se compró este libro porque a Cortázar se le caía la baba. Es más, se lo recomendé a un amigo que me confirmó que el libro es impresionante. Yo me quedé trabado en los arabescos ultra barrocos de las 15 primeras páginas. Lo leo en mi próxima reencarnación.

50. Essays, George Orwell. Si te gustan los ensayos, leé este libro. Si no te gustan los ensayos, leé este libro así podés quedarte tranquilo sabiendo que los ensayos no son para vos. Orwell es tan bueno que lo puedo leer aunque no tenga interés en los temas que toca. Si no lo terminé es porque tiene 1350 páginas y yo tengo una sola vida.

Y corto acá, no porque se haya acabado la lista, sino porque son las 2.24am y 50 es un lindo número.

Xtian, a las 12:19 AM | TrackBack
Comentarios

Está rebueno. Yo fui siempre un lector compulsivo de cuanto caía a mi alcance.
Discrepo en cuanto al libro de Anais Nin. Lo que ella escribió concierne al alma humana intemporal. Creo que te cae mal porque ella fué una devoradora de machos en planteo hetero.

vitalio, el 23 de Mayo de 2005 a las 4:17 PM | Enlace permanente

Este es un post de antología. Me he divertido de lo lindo y he tomado nota de algunos libros, como
el de E.B. White y los ensayos -Mitologías- de Roland Barthes...
Difiero respecto a 'Los Cantos de Maldoror'. Tal vez libros como este, tienen que ser leídos 'interruptus', porque su potencia nos sobrepasa.
Salux.

Vir, el 29 de Mayo de 2005 a las 12:02 AM | Enlace permanente

Tuviste paciencia para hacer este repaso.

Yo estoy muy lejos de ser un lector voraz, leo poco. Sólo me llevo bien con los cuentos. Rayuela la he intentado leer tres veces, pero el narrador me parece un aburrido intelectual erudito que se inventa su neurosis para parecer "cool".

A Cien años de soledad, la terminé de leer porque es clásico, como si fuera tarea de colegio. Me gustó el final. Crónica de una muerte anunciada no la seguí leyendo porque el libro no tenía las páginas 28 y 29.

La dama del perrito es ilegible. Una mierda. Si vos tenés la costumbre de empezar a leer desde el primer cuento, deberías de dejarla. Yo siempre leo el cuento más corto, y de ahí voy subiendo de número de páginas, si me parece bueno, tal vez llegue a leer el cuento más largo.

En mi limitado cerebro solo caben cómodos los cuentos, un poco apretadas, las novelas. La poesía me genera dudas, y los ensayos los leo sólo si están en el periódico.

Y eso de comprar "bloggin (y lo que sigue)" fue un desliz imperdonable.

Saludos

José Joaquín, el 30 de Mayo de 2005 a las 9:31 PM | Enlace permanente

comparto exactamente la misma experiencia con chejov. lei el mismo cuento en el mismo libro (el mio era pocket) y me resulto lo mismo: desaliento para continuar con los otros cuentos. lei bastante de tu lista y no comparto la mayoria de los libros. pero mas alla de esto vi que evidente no tenes ganas de que te guste nada. por delante de lo que lees pones muchas ganas de insatisfaccion. asi no es facil que termines ningun libro. o tal vez me equivoco y justo elegiste comprarte todos libros que hay que dejar por la mitad. tambien me parece que siempre esta bueno terminar cualquier libro que se empieza.
martin

, el 18 de Julio de 2005 a las 6:13 PM | Enlace permanente

Me ha llegado al corazón tu deliciosa lista, me encantan las listas.
Carver: leer un solo cuento alcanza, leer Catedral por ejemplo, o uno que se llama algo así como “Tres rozas amarillas”, no recuerdo bien, y no pienso levantarme para ir a fijarme. Yo leo un promedio de siete libros a la vez, en general los termino todos, pero no hay por qué hacerlo. Algunos no hay manera de dejarlos, los demás (la gran y abrumadora mayoría) los termino por una cuestión burocrática.
Por tal razón me es imposible usar una delicada carterita, las mochilas ya no me sirven, así que ando con un bolso gigante y horrible que parece de esos para mamás de bebes, porta pañales, toallitas húmedas, colonias repugnantes. Para la categoría toallitas húmedas siempre creo que es recomendable llevar “La tarjeta postal.....et aulala”, de Derrida, un libro cabalmente Erótico. El único de Derrida que me ha gustado leer. (Mentira, El monolingüismo del otro, también.) Colonias repugnantes: Conrad, el que sea, o Billy Budd. Porta pañales: Doktor Faustus, de Mann. Libro ilegible por excelencia, lo tengo en una edición horrible, y siempre me puede sacar del paso.
Creo que te considero un amigo, por lo que has escrito, ¿podría no ser esto, una desmesurada toma de confianza, pero que otra cosa podría inspirar alguien que escribe semejante lista?.
Saludos.
Victoria.

, el 23 de Julio de 2005 a las 6:24 PM | Enlace permanente

Excelente literatura de humor. Mucho barrio, mucho olor a sobaco, mucha inteligencia. O sea,
me aburrí.

Xtian, ésta debe ser la frase más snob que haya leído nunca. ;)))))

¿Me la prestas para ponerla de firma por unos días? ;))))
Aunque yo no he leído casi nada de Fontanarrosa, así que estaría mintiendo. Je.
Pero dan ganas.

Caribé, el 29 de Julio de 2005 a las 6:42 PM | Enlace permanente

Hola, ¿queres creer que lei casi todos los libros que comentás??.
Te hago unpar de comentarios"Madame Bovary" es alucinante, la lei dos veces. El mundo está lleno de minas como ella y por eso el libro es un clasico.Si queres entendes a las minas (a las mas boludas, of course) lo tenes de leer!!!
Ellibro de Valdearena lo tenes que terminar, porque al final es donde aparece lo que decis que le falta: todo el libro cobra otro sentido, y resulta ser una de las obras mas profundas (si, profundas) que he leido. Se trata nada mas y nada menos que de crecer...
"Un año sin Amor" ¿viste la película?? Excelentemente bien hecha, vale la pena. (Tambien me encanta el cine).
Tadavia no lei todos los blogs, es la primera vez que entro, pero aprovechopara recomendarte "tokio Blues", (una joyita) y no se si leiste algo de Amelie Nothomb. (me gustaria ser amiga de esa mina...me los lei TODOS) )de editorial Anagrama)
saludos

Valeria, el 25 de Abril de 2006 a las 11:39 AM | Enlace permanente

Tus comentarios, en general, son bastante acertados. A mi no me gusta la literatura intelectual, por dos motivos:No se entiende y es aburrida. La lectura debe ser ágil para atrapar al lector y que no se duerma, que es lo que te pasa a vos. Yo también soy una lectora voraz y de cara dura escribo también.
Rescato algunos autores que nunca leí, de los que nombrás. En lo único que no coincido, es sobre Abelardo Castillo, que me parece un escritor "increíble" leí "El evangelio segun...."y no pude parar hasta que lo terminé, también leí "El que tiene sed", que es original.
Yo agregaría que lean a Federico Andahazi, que a mi modo de ver es un excelente escritor, con mucha imaginación y de lectura ágil.
Claudia

Claudia, el 26 de Abril de 2006 a las 12:56 PM | Enlace permanente

¿habrá alguna cura para la lectura compulsiva? Internet no ayuda. Tengo bajados como 200 libros. Muchos empezados, poco terminados. Además, soy coordinador de talleres literarios. Más lectura y crítica. Un abrazo.
Horacio.
P.D.: en el fondo espero no curarme.

Horacio, el 05 de Agosto de 2006 a las 11:34 AM | Enlace permanente
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