Mirá como tiemblo
por Xtian Rodriguez
Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde
Cuántos crímenes se cometen en tu nombre
“Esa del hachero en la que no pasa nada.” “Una obra maestra.” “Una mala copia de Kiarostami.” “Hipnótica.” “Aburridísima.” “Marca un antes y un después en el cine argentino.” Etcétera. Todo eso y mucho más se dijo de la ópera prima de Lisandro Alonso, La libertad.
Muchas de esas discusiones virulentas están por afuera de la película (el tema de si vale la pena subsidiar “experimentos” como este, que van a ver 15 personas en la Lugones, si se trata de una ruptura necesaria o de una admisión de derrota respecto a la ficción y a los mecanismos narrativos del cine, etcétera). Sí, hay mucho etcétera dando vueltas.
A mí la película me gustó. Insólitamente, los experimentos de Kiarostami y las películas como ésta, sin peripecia, sin personajes, sin actuación (aunque tal cosa sea un truco), exacerban mi atención en vez de sumirme en el tedio o el aburrimiento. En ese sentido miré con más atención Five de Kiarostami que Lawrence de Arabia. Como si de mirar tanto una pantalla negra una empezara a descubrir patrones, a hilvanar gestos.
En La libertad, por ejemplo, luego de 20 minutos de ver al hachero cortando troncos, el encendido de una radio provoca un efecto (especial). Me pareció cómico que ese hachero, con esa gorra con el bordado NY, escuchara esa música, en ese lugar. Lo mismo me pasó con la latita de Fanta o cuándo pregunta en la estación de servicio si hay alguna minita. Esas cosas tan cotidianas y elementales se vuelven raras.
Ah, y esa secuencia de dos minutos en la que la cámara abandona la cara iluminada del hachero y se interna en la espesura y en el sonido es una de las más bellas que vi.
La película se puede bajar del eMule. Acá va el link. No me hago responsable si te enoja. Tampoco si te encanta.
Fin de fiesta
Murió Tony Wilson. Los que no saben quién es y quieren saber alquilen 24 hour party people, que además de contar con una excelente actuación de Steve Coogan haciendo de Wilson (y un cameo del mismo Wilson), es un peliculón.
Un texto esencial
Le pedí a los alumnos del taller literario que traigan un texto que les haya hecho decir “cómo me gustaría haber escrito esto”. Una alumna trajo un texto de Serge Daney: El travelling de Kapo. Me acordé entonces de que había leído ese texto hace muchos años, cuando cursé (apenas unas semanas, instigado por Ricardo) la clase que daba Claudio España sobre cine en Puán. Me había gustado mucho en ese momento, pero ahora que lo releí correjí mi juicio: me pareció enorme, esencial y revelador. Es para mí, sin dudas, una de las obras maestras de la crítica (no solo de cine) y un texto absolutamente esencial.
Por qué no ganó Secreto en la montaña
Ayer Secreto gano guión adaptado, mejor música y mejor director, pero no ganó mejor película. La regla es que la película que gana mejor director gana mejor película, pero no este año y para mí no es gratuito y es interesante ver por qué.
“Secreto” es una película incómoda. En un nivel obvio: se trata de dos vaqueros gays que viven una historia de amor a espaldas de sus esposas y sus hijos. Pero también en un nivel menos obvio: la película acumula frustración, los personajes están atrapados y más allá de sus intenciones y de ser “buenos tipos” sus vidas terminan incompletas, vacías. Escuché a mucha gente quejarse de que la película te deja con una sensación de ahogo, de impotencia, que no “te tira un hueso”. Al salir del cine uno siente que el mundo rebalsa de injusticia, que las cosas están muy mal, y que todos, de alguna manera formamos parte de la fábrica de prejuicios y de basura, aunque más no sea por nuestra indiferencia.
En ese sentido CAPITAL, la película no es una película hollywoodense. Los críticos de El amante y muchos otros no vieron eso, son miopes. Como la película tiene buena fotografía, no tiene cámara en mano, y relata una historia en forma secuencial, la categorizaron como mainstream, pero no lo es. Por su temática (una historia “de amor” entre dos tipos) y por su negativa a ofrecer una salida cómoda y edulcorada que en la realidad no existe, la película no es hollywoodense.
Crash lo es. Ojo, mientras miraba Crash sentía dos cosas opuestas. Aplaudía sus intenciones, acordaba en un 100% con la mirada de los guionistas y directores, pero me daba cuenta de que se trata de un panfleto. Es una película manipuladora, que apreta todos los botones necesarios y que como premio por esa manipulación te deja salir del cine sintiendo que sos un poco menos racista, menos prejuicioso, que saliste vigorizado. La realidad es que eso es una píldora que a los progres nos encanta tragar, pero la realidad no funciona así. Crash no puede modificar a nada y a nadie, solo pide el asentimiento de cabeza del espectador. Es una película cómoda, aunque lo que muestre sean porquerías.
Munich es una película MUCHO más molesta. La película palestina extranjera que relata las últimas 24 horas de dos tipos que van a realizar un atentado suicida es MUCHISIMO más molesta.
Si Secreto en la montaña hubiera peleado con Orgullo y Prejuicio o con Capote, les hubiera ganado, pero no pudo con Crash. Hollywood quiere creer que tiene conciencia, que tiene preocupaciones morales y Crash fue la salida perfecta al dilema: premiar una película de excelentes buenas intenciones, pero manipuladora y tranquilizadora (y con final feliz), frente a una película que, aunque en formato hollywoodense, incomoda porque pregunta y rechaza de plano las respuestas obvias y reflejas.
Ojo, no quiero decir con esto que Secreto es la mejor película del año, ni siquiera la más controvertida (ya lo dije ahí arriba, hay otras más fuertes y más rompe esquemas), pero sí que aún contando una historia lineal y de estar perfectamente ejecutada, no logró atravesar la barrera de toda esta gente votando a solas y anónimamente en sus propios cuartos oscuros, donde respiran los prejuicios y donde se busca la tranquilidad de conciencia y no el salto hacia adelante.
Ronda nocturna
Ronda nocturna, 2005, Argentina / Francia, 81 minutos. Con Gonzalo Heredia, Rafael Ferro y Mariana Anghileri. Puntaje: 72 sobre 100.
La película muestra una noche en la vida de Victor, un taxi boy que labura en la zona de Santa Fé y Pueyrredón. La noche transcurre en la calle, un sauna vip, una reunión con un embajador, la calle Godoy Cruz y sus travestis, cualquier otra calle y sus cartoneros, un jacuzzi en un telo, una pizzería, un billar. Y nada más. El argumento no existe, más allá del truco de mezclar realidad y fantasía paranoica.
Cruzada
Parece que a Leonardo M. D’Esposito no le gustó Cruzada. A mí sí. Acá va su crítica (la incluyo aquí para facilitar la lectura) y mi crítica a su crítica.
Cruzada, “Kingdom of Heaven”, EE.UU., 2005, 140?, dirigida por Ridley Scott, con Orlando Bloom, Liam Neeson, David Thewlis, Eva Green, Brendan Gleeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Iain Glen. Puntaje: 4.
Las Cruzadas desde el punto de vista políticamente correcto, con cartelito incluido al final que dice que el conflicto no terminó, como si todo fuera sólo una cuestión de religiones (el petróleo y la cuestión territorial de diferentes pueblos bien, gracias). La parte “aventura” es más bien confusa: si era interesante un héroe “defensivo”, queda todo disuelto entre un romance castísimo (y tienen a Eva Green, flor de desperdicio) y escenas de batalla aburridas y en cierto punto confusas. Del director de ?Gladiador?, no del director de ?Los duelistas?, aunque ambos se llamen Ridley Scott.
Por Leonardo M. D’Esposito
Mi respuesta:
((ATENCIÓN: lo que sigue si contiene spoilers. O sea, revela bastante de la trama)).
Tiempo de volver
Tiempo de volver, “Garden State”, USA, 2004, 109 minutos. Dirigida por Zach Braff, con Zach Braff, Natalie Portman, Ian Holm. Puntaje: 90 de 100.
Un actorcito salido de una sitcom presenta su primer largo. Escribe, actúa y dirige: esperá lo peor, agarrate fuerte, el just do it de Nike como postulado creativo suele dar resultados catastróficos. Pero no, Garden State es una película rara, con una mirada propia y un humor inteligente. Zach actúa como si fuera Buster Keaton pasado de Prozac. Y todo está muy bien.
Es más, esta película tiene 3 de los mejores gags del año (la camisa con el mismo estampado de la cortina de baño, la luz que se apaga con el aplauso y el velcro silencioso). Me hizo acordar muchísimo al cine ultra personal de Wes Anderson. Alguien que parece, formalmente, meterse en el formato de tonos pasteles de la comedia romántica, pero la dinamita desde adentro, poblando la trama de freaks y hermosos perdedores.
Lamentablemente, en el último tercio, la película se inclina hacia la comedia romántica más tradicional y allí pierde fuerza y color. El final es bastante malo y empalagoso.
Habrá que esperar la próxima película para ver si esto fue suerte de principiante o el nacimiento de un nuevo talento en el panorama de la comedia yanqui.
Alejandro Magno
Alejandro Magno, “Alexander”, USA, 2004, 175 minutos. Dirigida por Oliver Stone, con Colin Farrell, Angelina Jolie, Val Kilmer, Jared Leto y Anthony Hopkins. Puntaje: 85 de 100.
Se entiende perfectamente por qué a esta película le fue bastante peor que a Troya. Una de las razones es justa: Farrell no tiene el carisma necesario para sostener sobre sus esbeltos y dorados hombros el peso de una leyenda como la de Alejandro. La otra razón del fracaso está a la vista: la historia de un guerrero trolo, que cuando no está matando gente entre geíseres de sangre se dedica a mirar arrobado a su novio y a dedicarle unos parlamentos potentísimos, no es para el espectador promedio. Habría que hacer el experimento y editar una versión en DVD, reemplazando a Hefestión por una Hefestiona, y ver que pasa. Y de paso lo digo: los que se quejaron de la homofobia o la cobardía de la película porque la única escena de sexo es heterosexual, cuando el 90% de la combustión protagónica es gay, se equivocan: las escenas de “amor platónico” entre Alejandro y su enamorado tienen más fuego que la saga entera de “Animal trainer” de Roco Siffredi (y eso que son más de 10).
Y es cierto que la película está llena de defectos, y que Stone es un descontrolado, ¿pero por qué no? Corre sangre, digital, de la buena; los efectos no molestan (si hay una escena en la historia del cine que NECESITA todos los efectos posibles es la entrada de Alejandro en Babilonia); y hasta el kitsch funciona (esos castillos llenos de odaliscas me hicieorn desear una versión de Las Mil y una Noches filmada por Peter Jackson y del tamaño de El Señor de los anillos). Hay hasta kitsch idiomático: a medida que Alexander invade nuevas tierras aparecen nuevos personajes, que hablan INGLÉS pero con distintos acentos (¿?). Angelina Jolie quiere ser la Cleopatra de Elizabeth Taylor, y aunque no aparece envuelta en una alfombra, lo hace envuelta en serpientes…
Stone prende todas las cañitas voladoras, pero algunas están húmedas: ahí está esa música atronadora cada dos minutos y ese argumento mal hilvanado y que se permite saltearse eventos fundamentales de la historia…
Pero la desmesura más grave de Stone es argumental: en el intento de “humanizar” a Alejandro, lo infantiliza. Cuesta creer que el guerrero más importante de la historia no era más que un nene de mamá, llorón y caprichoso, atolondrado y paranoico.
En conclusión: es mucho mejor que Troya (aunque más no sea porque está contada con mayor convicción y porque acá los novios son novios, no “primos”). Ojalá que la película sea redescubierta en DVD, una vez que haya pasado este tsunami de críticas absurdas.
PD: El que quiera una versión alternativa de esta misma historia, puede recurrir a la canción de Caetano - “Alexandre” de su disco “Livros” -, un gran alarde de virtuosismo y poesía y que dura 36 veces menos que la versión de Oliver Stone.
Million dollar baby
Million Dollar Baby, “Million dollar baby”, USA, 2004, 137 minutos. Dirigida por Clint Eastwood, con Clint Eastwood, Hilary Swank y Morgan Freeman. Puntaje: 60 de 100.
Empieza como una especie de Rocky versión Eastwood, y con eso quiero decir que la película empieza bárbaro: porque más allá de que la primer Rocky es buena, acá se le agrega el talento de Eastwood para contar una historia sencillita, con trazos de humor, de amargura, de poesía y todo relatado por la mejor voz en off del cine actual: Morgan Freeman.
Pero de repente y cuanto menos te lo esperás viene un cross de derecha a tu mandíbula y cuando te despertás del desmayo la película es otra. Y esa otra película es amarguísima y panfletaria (por más que uno comulgue con su causa).
Y si Eastwood se lo permite, ¿por qué no yo? Acá va mi pedido y mi proclama: basta de peliculas sobre personas postradas que esperan la muerte, basta de himnos a la eutanasia, basta de requiems hospitalarios. Con “Hable con ella”, “Mar adentro” y “Million dollar baby”, ya tenemos la cuota para los próximos diez años.
Creo que la piña traicionera de Clint a sus espectadores ocurre transcurridos el 60% de la película, y por eso le doy 60 puntos sobre 100, ya que el resto aporta cero a la historia, al cine y al debate político de esta época.
Descubriendo el país de Nunca Jamás
Descubriendo el País de Nunca Jamás, “Finding Neverland”, USA, Inglaterra, 2004, 101 minutos. Dirigida por Marc Forster, con Johnny Depp, Kate Winslet, Dustin Hoffman y Julie Christie. Puntaje: 5 de 100.
El instinto debería haberme indicado no ir a ver una película candidata al Oscar a Mejor Film. Pero ahí estaba Johnny Depp luego de la picaresca apabullante de Piratas del Caribe, en el papel del excéntrico autor de Peter Pan. Es como que la cosa prometía. También estaba Kate Winslet, que me fascinó en Criaturas celestiales y hasta en Titanic, arrastrando a Leíto DiCapprio por esas cubiertas oblicuas y anegadas.
Pero no, la ley es ley, y esta película no es la excepción. Los Oscars premian la obviedad, el fervor sentimentaloide y las películas recubiertas de un marrón glacé de seriedad. ?Descubriendo el país de Nunca Jamás? tiene todo eso, y además: chicos inteligentes y ultra maduros, repletos de comentarios certeros; perros simpáticos y una reconstrucción de época puntillosa. Y como frutilla de la torta, un guión plagado de clichés: el genio loco, la enfermedad incurable, la madre mala que termina no siendo mala sino ?estricta?, la oposición entre madurez e ingenuidad y entre represión y creatividad. Ah, y unas reflexiones sobre el arte y la vida tan pajueranas que dan bronca.
Aún así los perdono a Depp y a Winslet. Hace rato que sabemos que Depp elige perfectamente sus papeles, pero no sus películas: suele estar bien, aún en películas que están horriblemente mal. Winslet tiene un parlamento memorable, el resto del tiempo tose. Tose bien, eso sí.
Por último: es llamativo que el principal mérito de la película ? la negativa a empujar la trama hacia sus esquinas más oscuras ? me termine pareciendo otro gran defecto: las difusas sospechas de pedofilia, la asexualidad comatosa del escritor y el destino trágico de los huerfanitos rozan el eje de la historia sin sacudirlo. Soy de los que prefiere un disparate a un bodrio soporífero y empalagoso.
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