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Sólo los superficiales se conocen a sí mismos. Oscar Wilde

Veloz casamiento

Las cartas de lectores de La Nación son mi debilidad, mi placer culpable. Cuando a una carta insólita se le suman los comentarios desopilantes de los usuarios del sitio, el cóctel es irresistible.

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El cigarrillo, la estupidez

Muchas personas que en otros aspectos aparecen lúcidas e inteligentes siguen insistiendo con el tema de que la nueva ley antitabaco es discriminatoria, policial, etcétera.

A ver gente, fumar es un hábito repugnante. El humo es asqueroso y omnipresente alrededor de un fumador: en su ropa, en su olor corporal, en su saliva. Aun el mejor olor se vuelve intolerable cuando no hay forma de tomarse un recreo de él, y el olor a cigarrilo es uno de los PEORES olores. Fumar tiene cero glam, es adictivo y tiene una multitud de efectos perniciosos sobre la salud. Fumar es una mierda.

Okay, eso de ahí arriba no es una defensa de la ley antitabaco. Es una simple apreciación personal que considero razonable. Todos tenemos hábitos desagradables. Todos tenemos derecho a hacer estupideces. El problema con el cigarrillo es que en un espacio cerrado (o sea, los que reglamenta la ley), el cigarrillo daña no solo al fumador sino al no fumador. Digo esto, que es obvio, porque es el argumento simplísimo que anula todos los ataques contra la ley que escuché hasta ahora.

Gente: meterse los dedos en la nariz y comerse los mocos es también desagradable, pero, a diferencia del cigarrillo, inocuo para el que tenés al lado. Fumen metidos en sus escafandras y yo seré el primero en salir en defensa de los fumadores. Entiéndanlo: no tengo ningún interés en educarlos ni en mejorarles la calidad de vida. Mátense. No lo digo con odio, estoy a favor de la eutanasia y creo que un adulto tiene derecho a vivir y morir como le parezca.

Pero no me fumen encima. El espacio público es eso, público, y un local habilitado debe garantizar condiciones sanitarias mínimas para su clientela (y para sus empleados): un local en el que se fuma en cualquier lado no las garantiza. El argumento de que el smog (y otros cientos de pavadas que se citan) también hace mal, no es un argumento a favor de fumar en cualquier lado es un argumento a favor de controlar también el smog.

Fumadores: pidan en los restaurants secciones para fumadores. Fumen en sus casas. Fumen en la vereda. Si quieren fumar, picarse con heroína o mirar el canal Hallmark las 24 horas tienen mi bendición. Eso sí: ahórrense las argumentaciones ridículas. ¿Que el estado los persigue, que viola sus derechos, que ahora prohíben los cigarrillos y mañana van a prohibir los sugus porque también hacen mal? ¿QUÉ se fumaron?

Los no fumadores hemos tenido muchísima paciencia durante muchísimo tiempo, los hemos acompañado en el festín repugnante (perdón, nocivo) de fumar en cualquier lado durante años. Bueno, ahora se terminó, la evidencia en contra del cigarrillo es demasiado obvia y avasallante: te mata y no lo hace de una manera sutil o simpática. Pidan ayuda, péguense el parche, dejen de fumar, dejen de joder(se). Pero, eso sí, empiecen por lo más urgente: dejen de insistir con argumentaciones ridículas que no resisten ningún examen.

Creamfields: crema pastelera

Un amigo mio no sale de su irritacion: hace ya mas de un mes que vive alarmado porque Creamfields (la fiesta anual mas importante de la musica electronica en Baires) se ha vuelto “masiva”. Como forma de protesta, su “nombre” en el messenger reza: “Creamfields 2004: por que tanta masividad?”.

El otro dia no aguante mas y respondi lo evidente: “Cualquier evento que incluya saltar como un estupido durante horas y tomar drogas va a terminar siendo masivo. La gente es idiota, la gente toma drogas y si el unico requisito para asistir es tener un cerebro con algunas celular vivas para freir y 100 pesos para la entrada, vas a tener miles de concurrentes.”

O sea, la razon del exito de Creamfields es la misma que la del exito de Xuxa: hay que saltar y hay que ser un poco oligofrenico. En un caso se salta al ritmo del ilarilarilarie y en el otro sobre una mezcla de lavarropas comatosos y zumbidos metalicos.

Hoy, en las visperas del evento, no se consiguen drogas en Buenos Aires. La gente se desespera para importarlas desde Uruguay. Porro, LSD, Extasis, ya no hay nada. Y los pibes se desesperan: si o si hay que llevar el pastillero lleno.

Sere un viejo choto. Hace rato que la musica electronica tiene el mismo aliento innovador que Ricky Martin, hace rato que el culto a las drogas es de un infantilismo patetico y hace rato que estos nuevos intentos de generar cultos elitistas huele a marketing pedorro.

Soy el primero en celebrar el derecho de cada uno a ser tan idiota como se te ocurra. Pretender que la idiotez es algun estado alterado de iluminacion le quita la gracia.

Saltemos como pelotudos con la cabeza en las nubes, pero es bueno asegurarse, que al menos, cada tanto, ponemos los pies en la Tierra.